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viernes, 21 de abril de 2017

EL ÚLTIMO SISÓN




 Casi 40 años atrás ya estaba en ruinas la vieja casilla del llano, donde por aquel tiempo me recreaba recogiendo egagrópilas de lechuza y mochuelo para ver su forma, composición y tamaño, y donde también me cobijaba los días fríos del invierno para ver el paso de grullas aquellos atardeceres en que tomaban dirección a los dormideros del embalse de Orellana. La casa estaba rodeada de un interminable campo de cultivos de cereal de secano y algunos pastizales, que permitían la supervivencia de numerosas especies de aves ligadas a estos medios, el mes de abril era una delicia ver el constante marcaje territorial de los machos de sisón y las paradas nupciales de los aguiluchos cenizos, los cernidos de gran número de primillas en busca de alimento y también se veían no pocas Canasteras y Carracas.
 Pero todo aquello fue cambiando, primero se ejecutaron canales de riego cuya tan esperada agua no beneficia a todos los habitantes del entorno, después comenzaron a crearse una maraña de tendidos eléctricos de dispar tamaño que convirtieron la zona en una trampa para las aves; no tardaron en instalarse granjas porcinas y avícolas por todo alrededor, y finalmente llego la plaga del olivar y los frutales intensivos.
 Apenas queda ya un trozo del terreno de lo que antaño era un paraíso para las aves esteparias, pero aún así, ese territorio recortado y fraccionado  aglutina lo poco que va quedando en la zona, y este mes de abril, tanto tiempo después, aún encontré un sisón macho marcando su territorio, con su reclamo fuerte, constante, altanero, encorbatado y luciendo sus mejores galas, intentando atraer alguna hembra cada vez más escasas,  no solo en esta zona sino en toda su área de distribución; de fondo alguna pareja de Aguiluchos cenizos en paradas nupciales, también acompañadas de un nuevo inquilino de la zona: el Aguilucho lagunero.

  


 Un par de jóvenes Elanios azules se ciernen incansables por los llanos, probablemente reemplazando a los otrora abundantes primillas, cerca, el agudo e insistente chirriar de los Trigueros indican que estamos en primavera, aunque el campo prematuramente agostado por la pertinaz sequia no parece querer darle la razón.
 El término municipal de Orellana la Vieja es uno de los más pequeños de la provincia de Badajoz, a pesar de ello en aquellos años tenía una buena representación de los diferentes ecosistemas del oeste español, con dehesas, sierra y zonas esteparias fruto del cultivo de secano sumado a algunos pastizales ganaderos.




 La última década fue demoledora para estos medios esteparios, en la mejor zona, donde se concentraban las colonias de Aguilucho cenizo y Canastera se instalo una enorme termosolar que borro para siempre más de 200 hectáreas de hábitat estepario. Apenas se dio tiempo a estas especies para adaptarse en lo que quedó,  pues a continuación, otras 200 hectáreas del inmediato entorno fueron transformadas en frutal y olivar intensivo. Paralelamente otras muchas obras e instalaciones fueron comiendo poco a poco el terreno; centros de residuos, campos de tiro y motocross…, y los proyectos continúan, imparables, como si nada de lo anterior, de lo que vivieron nuestros antepasados tuviera ya valor.
 Poco más habría que contar para intuir lo que paso con el Sisón y el resto de especies: se les dejo sin su casa, su territorio de siempre, todo ello en pocos años, y supongo que podríamos extrapolar lo ocurrido en este término municipal con lo que acaece en otros muchos de centro y el oeste español. 
 Estamos asistiendo en vivo y en directo al proceso de extinción de una especie, casi podemos sentir esa sensación que vivieron los antiguos tramperos de aquel otro oeste (el americano), cuando las multitudinarias poblaciones de Bisontes desaparecieron de las praderas con la irrupción del tren, en este caso fue un canal…pero con igual resultado. No hace mucho venían amigos de Centroeuropa y se asombraban con la cantidad de sisones que podían ver a muy poca distancia del pueblo. ¡¡Como a cambiado todo esto!!.
 Reclama fuerte el macho de Sisón, incansable, en otras praderas, buscando un futuro imposible, otro macho con el que rivalizar, una hembra con la que perpetuar su especie, desde antes del amanecer hasta bien entrada la noche, descansando solamente las horas centrales del día, con mayor calor. Demasiado tarde, aquí no se escuchan las voces de los que no producen dinero, conservar por conservar ya no es de recibo, el único argumento que parece que escuchan es el tan manido de la atracción de turismo ornitológico, ya no vale ni se recuerda aquel discurso también de los indígenas de aquel otro oeste en el cual se pedía dejar a nuestros hijos la misma herencia que nos dejaron nuestros padres…


jueves, 9 de marzo de 2017

EN EL PAÍS DE LAS AVES



El titulo de la presente entrada hace alusión al país con mayor diversidad de aves de nuestro planeta, nada menos que 1.912 especies adornan los cielos, bosques, montañas, llanos, ríos, costas, ciudades, pueblos y selvas de Colombia, todo un festín para los aficionados a la ornitología.

Colombia desde el aire: montañas, bosques, verde y siempre nubes

  La pasada invernada de grullas, imitando su espíritu migratorio, volé hacia tierras cafeteras, donde pude visitar los Departamentos centro-occidentales de Quindío, Valle del Cauca y Antioquia, todo ello y a pesar de las dificultades para transitar por aquellos campos, principalmente por la falta de vías de acceso a las zonas naturales, más acentuada aún en mi caso particular; allí pude hacerme una idea de la  impresionante riqueza natural que atesora el segundo país con mayor biodiversidad de la tierra.
  La primera y más larga de mis estancias tuvo como escenario el pequeño Departamento del Quindío, zona que ya conocía previamente de anteriores viajes, y de la que ya realice una entrada en Grullas veo a finales de 2013. Este Departamento es uno de los más seguros de Colombia, y se sitúa en el eje cafetero que conforma en unión de Risaralda, Tolima, Valle del Cauca y Caldas.
  El Quindío esta cruzado por la Cordillera Central de los Andes, coronada por el volcán del nevado de Santa Isabel, y cuenta con tan solo 12 municipios; aunque pude visitarlos todos, mis movimientos se centraron en la capital  Armenia, y los cercanas localidades de Circasia, Montenegro, La Tebaida y Calarca. En sus escasos 1.845 Kilómetros cuadrados, se desarrollan más de 3.000 especies de plantas, 600 de mariposas y más de 500 de aves, aglutinando con el resto de Departamentos del Eje cafetero nada menos que el 43% de  las 70 aves endémicas del país.

El Nevado de Santa Isabel conforma una bonita imagen los días despejados.

  La finca donde estuve alojado, situada a tres kilómetros de la localidad de Montenegro, fue extremadamente lluviosa durante los meses que permanecí, todo ello dentro del característico clima tropical de la zona, con lluvias fuertes al menos el 80% de los días entre noviembre y febrero, motivo que me hizo comprender el sobrenombre de la zona: “Cielo roto”. Las condiciones de humedad y la gran cobertura vegetal sustentan igualmente una gran riqueza de mosquitos, denominados por los lugareños “zancudos”, por ello tuvimos que hacernos con una buena provisión de repelentes si queríamos permanecer largos periodos en contacto con la naturaleza, aunque finalmente y pese a ello, cada una de las nuevas aves catalogadas me costo del orden de una docena de picaduras de tan impertinentes animalitos.
  El Mariposario o Jardín Botánico del Quindío, se sitúa junto a la localidad de Calarca, y es uno de los lugares emblemáticos para observar aves en este Departamento, se trata de una reserva privada con 15 hectáreas del primitivo bosque autóctono, cuyo coste se financia con el pago de una entrada que permite recorrerla a través de senderos y miradores; decenas de colibríes revuelan los comederos estratégicamente colocados, donde es un verdadero deleite  ver sus característicos vuelos a menos de un metro de nuestros ojos, especialmente abundantes son el Colibrí de corbata (Anthracothorax  nigricollis), Ermitaño verde (Phaethornis guy), Colibrí collarejo o nuquiblanco (Florisuga mellivora) y el Amazilia coliazul (Amazilia saucerrottei), entre otros.

Cartel de bienvenida a los miradores de aves del Jardín Botánico.


Grupo de Colibríes nuquiblancos acompañados por un Mielero común

  
Hembra de Colibrí de corbata o Mango pechinegro.

  La reserva cuenta con la mayor colección de palmas vivas del país, contando entre otras con algún ejemplar de Palmera caminadora (Socratea exorrhiza), con extrañas raíces aéreas o de Palma de cera del Quindío (Ceroxylon quindiuense) cuyo principal exponente se encuentra en el cercano Valle de Cócora, con ejemplares de más de 60 metros y que está en grave peligro de extinción, precisamente esta palmera es reconocida como el árbol nacional del país.

Las raíces de la Palmera caminante van moviendo lentamente la palmera en busca de mejores condiciones nutritivas y de ubicación.

  Otra de las opciones interesantes para ver y fotografiar aves en entornos rurales o urbanos es la instalación de comederos con plátano maduro, que atraen numerosas especies con sorprendentes combinaciones de colores, y además poco esquivas, entre otras cosas por la ausencia del deporte de la caza. Las tangaras, es una familia de aves con colores muy vivos habituales visitantes de los comederos, entre otras,  la Tangara cabecirufa (Tangara gyrola) o la Tangara rastrojera (Tangara vitriolina), siempre deseosas de meter el pico en los nutritivos plátanos.

La Tangara cabecirrufa es una especie habitual en el Quindío

  Asomas candelas (Ramphocelus flammigerus) , Turpiales amarillos (Icterus nigrogularis), Azulejos comunes (Thraupis episcopus) o Azulejos palmeros (Thraupis palmarum), incluso no fue extraño ver en estos comederos, por estas fechas invernales en latitudes norteñas, algún ave migratoria procedente de Norteamérica, como la Piranga abejera (Piranga rubra), que presenta un notable dimorfismo sexual con machos de tonalidad roja, y las amarillentas hembras.

Asoma candela, su nombre habla por sí mismo.


La Piranga abejera, suele visitar la zona entre agosto y abril

  Otra interesante opción para ver aves, en este caso ligadas a cursos de agua, es realizar un recorrido en balsa por alguno de los ríos que atraviesan la región, y que permiten este tipo de actividad como el río La Vieja, próximo a la localidad de Quimbaya; allí podemos ver a la omnipresente Garcita bueyera (Bubulcus ibis) que al igual que en España, fue colonizadora desde África a principios del siglo XX, ofreciéndonos estampas familiares entre el ganado; también son muy frecuentes los Coquitos (Phimosus infuscatus), especie de Ibis que ocupa casi todas las zonas húmedas visitadas. El Cormorán neotropical (Phalacrocorax brasilianus), la Chilacoa culinegra (Aramides cajanea) o el Martín pescador grande (Megaceryle torquata), son otras de las especies habituales y fáciles de ver en este tipo de hábitats.

El recorrido por el río es realizado sobre una balsa rudimentaria




Nuestra popular Garcilla bueyera que allí denominan Garcita Bueyera

La Chilacoa colinegra suele observarse en las inmediaciones de zonas húmedas.

   La gastronomía de la zona es bastante variada, con una notable diversidad de frutas, que además son de notable calidad, una de las más suculentas con probadas facultades anti cancerígenas es la guanábana, similar en color y sabor a las chirimoyas, pero de un tamaño comparativamente enorme. En cuanto a los platos típicos de la zona, y de toda Colombia, uno de los más reconocidos es el sancocho, guiso que se realiza a partir de yuca, patata, maíz, carne de res, plátano maduro y condimentos, especialmente nutritivo y de agradable sabor.

Guanabana

El Sancocho es un plato típico colombiano.