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sábado, 24 de agosto de 2019

Aves esteparias en el recuerdo



 
Zona de cultivos cerealistas tras la siega.

  Desde siempre me llamaron poderosamente la atención las aves esteparias, participando desde principios de la década de los noventa del siglo pasado en trabajos de censo y seguimiento de las mismas, principalmente para la Asociación ADENEX, y en algunas ocasiones también para SEO, a lo largo de aquellos años.
  Mi zona de trabajo estuvo siempre ligada al entorno del embalse de Orellana, y desde entonces creo conocer con bastante precisión la evolución de las diferentes especies, gracias a la coordinación que desde 1993 realizo en la campaña de salvamento de aguiluchos, que muchas veces no sólo se limita a estas rapaces sino que abarca otras especies ligadas a los medios esteparios.
  De todos es conocida la precaria situación en la que se encuentran estás aves, derivada de los cambios en el uso del suelo, sobre todo la transformación en regadío de sus hábitats, así como también de otros factores que influyen en este proceso de rarificación: siega mecanizada, variedades cada vez más tempranas de cereal, exceso de cabaña ganadera, uso indiscriminado de productos fitosanitarios, modificación de sus puntos de nidificación, aumento de vallados y tendidos eléctricos inadecuados, eliminación de los barbechos de larga duración… ,todo ello magnificado por el cambio en el clima en los últimos tiempos, con primaveras generalmente poco lluviosas, veranos cada vez más prolongadas, y una ausencia ya casi crónica de otoñada.
  La Administración medioambiental autonómica, lejos de buscar soluciones a la grave problemática de este grupo de especies, deja languidecer las mismas, fomentando la casi extinción de la langosta en las zonas esteparias, acabando con el plancton del cual se alimentan mayoritariamente estas aves.

Hembra de Aguilucho cenizo en posadero.

  El Aguilucho cenizo (Circus pygargus), es la especie cuya evolución mejor conozco, paradójicamente sus poblaciones son las únicas que se han mantenido a nivel global en la zona, principalmente debido a la importante campaña de manejo que realizamos desde hace 25 años. Las colonias se han atomizado en un sector determinado al sur del embalse de Orellana gracias a las mencionadas campañas y sobre todo a un mantenimiento casi milagroso de los usos tradicionales en sus cultivos de secano y ganaderos; desapareciendo la especie prácticamente al norte del río Guadiana donde la masificación de regadíos es total. La población fluctúa en función de los diferentes años y sus condiciones climatológicas, observándose una importante afectación en su productividad derivada de la pluviosidad primaveral con las condiciones inherentes que esta conlleva.  La presión predadora con el gran aumento del Jabalí en la zona, la falta de alimento por las extremadas campañas de eliminación de langosta, el aumento de henificado temprano y el insalvable obstáculo que representa el cambio climático serán los factores con los que habrá de enfrentarse la especie en el futuro, todo ello dando por hecho que seguirán activas las campañas de manejo y salvamento de nidos de la especie, y que se mantendrá inalterado su hábitat actual,  todo ello,  cuando menos dudoso.

Manejo de pollos de Aguilucho cenizo al paso de cosechadora.

  En mis años de adolescente, cuando paseaba en bicicleta por los alrededores de Orellana en primavera, era una gozada ver los vuelos de los aguiluchos en sus interminables campos de cereal, como vigilantes cometas aladas, ya no existen allí, sus territorios de cría fueron mayoritariamente transformados en usos agrícolas e industriales intensivos, el progreso.

Hembra de Cernícalo primilla en vuelo de cernido.

  El Cernícalo primilla (Falco naumanni), sin duda es el ave ligada a medios esteparios con el retroceso más severo, cualquier persona mayor de los pueblos de la zona así lo corrobora cuando rememoran las colonias tan nutridas que existían en los edificios antiguos de sus localidades, donde popularmente eran denominados “micales”, y frecuentemente los pollos y juveniles expoliados de sus nidos eran usados como mascotas.

Mechinales tapados en la Iglesia de Casas de D. Pedro

  El retroceso más importante tuvo lugar entre los años 60 y 80, probablemente derivados del uso de fitosanitarios que mermaron sus presas y afectaron a su reproducción, y también del arreglo de muchos edificios y cubiertas donde ubicaban sus nidos, principalmente mechinales de iglesias.

1997, un lateral del Convento de Monjas, se observan casi todos los mechinales ocupados por primillas.

  Cuando inicio mis trabajos con esta especie a lo largo de los años 90, asisto a un aumento de sus poblaciones, que salían del bache importante que significaron los problemas aludidos anteriormente; en aquella época el entorno del embalse de Orellana contaba con colonias urbanas muy nutridas como la Iglesia de Acedera (con más de 80 parejas) o el convento de monjas de Puebla de Alcocer (superando las 150 parejas), existiendo colonias o al menos parejas dispersas en la mayoría de las localidades, incluyendo áreas de regadío como Vegas Altas. Tampoco eran infrecuentes las colonias en casas y establos de campo, con colonias de hasta 15-20 parejas, muy pocas parejas aún situaban sus nidos en cajas nido de torretas de electricidad.

Iglesia de Acedera, previamente a su remodelación.




  Desgraciadamente no duro mucho aquel momento de bonanza, y pronto comenzó un nuevo declive para la especie, dicha disminución tiene varios motivos, de un lado al norte del Guadiana se implementa el plan de regadíos denominado de las Dehesas, que destruye los hábitats de alimentación de diferentes localidades, afectando de lleno a la colonia enclavada en la Iglesia de Acedera. También muchos edificios en localidades son rehabilitados sin tener en cuenta la presencia del halconcillo (la misma Iglesia de Acedera, o las de Campolugar, Puebla de Alcocer y Casas de D. Pedro), estás reformas no solo afectan a colonias urbanas, pues muchas de las colonias rurales son igualmente destruidas por arreglos de cubiertas hasta desaparecer el primilla.

Cubierta de casa de campo con nidos de Cernícalo primilla.

  El convento de monjas en Puebla de Alcocer, es un caso paradójico pues se mantiene en un estado similar al que tenia en los años noventa, e igualmente su hábitat de alimentación es prácticamente el mismo, sin embargo su población a caído en picado, disminuyendo en más del 80%. Sin duda, la hipótesis más plausible para explicar tan brutal caída aquí, es la eliminación de su principal fuente de alimento: la langosta, tras desproporcionadas campañas de control de sus poblaciones.
  El único factor positivo de estos últimos tiempos es el aumento de parejas que crían en cajas nido situadas en líneas eléctricas, aunque en general no se reemplazan las que ya se encuentran deterioradas, y numéricamente son muy pocas.
  Aquellas primaveras y principios de verano de los años 90, era una delicia acercarse al atardecer al Convento de Monjas en Puebla, y ver el revuelo de cientos de cernícalos sobre las ruinas de aquel edificio, siguiendo con curiosidad sus entradas y salidas en los diferentes nidales y posaderos que lo jalonaban.

1997. Revuelo de primillas al atardecer, en el convento de Monjas en Puebla de Alcocer.

  La Avutarda (Otis tarda), siempre fue el ave emblemática de los medios esteparios, de la que cualquier agricultor, cazador o ganadero te cuentan mil y una anécdotas sobre nidos, costumbres, cacerías u otros matices. En aquellos años 90 existían al menos cuatro áreas de apareamiento (Leks, en el mundillo ornitológico), y cada una de ellas contaba con entre 15 y 20 machos, alrededor de las cuales deambulaban las hembras eligiendo al macho que consideraban más adecuado para procrear. El pasar de los años, hasta el momento presente a permitido conservar esas cuatro áreas de celo, otra cosa es el número de machos que se exhiben en ellas, en todos los casos con cifras inferiores a los 10 ejemplares, y en varios de ellos más próximos a los 5, con reducciones próximas al 50% en la población de dicha especie, cifras inasumibles para la preservación de la “Avetarda” como la denominan los lugareños.

Lek de Avutardas, abril de 1998.

  Peor aún les ha ido como invernantes en la zona, entre las localidades de Acedera y Madrigalejo, se encontraba una de las más importantes zonas de sedimentación invernal, con concentraciones próximas a las 200 aves; números impensables en el momento presente cuando apenas languidecen poco más de medio centenar de estas aves, adaptadas al rastrojo de maíz, girasol y trigo, pero cada vez más  rodeadas de olivares superintensivos que acabaran con el poco hábitat adecuado que las queda.

Lek de Avutardas en la actualidad, rodeado de olivares superintensivos.

  La intensificación agrícola al norte del Guadiana a reducido notablemente la presencia de esta especie, la caza furtiva seguramente no es superior a la existente en décadas precedentes, y al sur del Guadiana el hábitat es prácticamente el mismo, si bien aparecen factores negativos como la proliferación de vallados y tendidos peligrosos, el sobrepastoreo, la siega y el henificado cada vez más tempranas que afectan a un porcentaje importante de sus nidos, el arado de barbechos también elimina nidos de esta especie, y nuevamente la eliminación radical de la langosta aparece como una de las principales motivaciones en la rarefacción de las Avutardas.
  Vienen a mi recuerdo aquellas brumas invernales en los rastrojos de cereal  próximos a Acedera, donde se podían ver varios “rebaños” juntos pero no revueltos, de diferentes especies ocupando el mosaico de parcelas: Avutardas, Grullas y ovejas pastoreando en una misma imagen, cada vez más difícil de repetir.

Macho de Sisón con plumaje nupcial.

  El Sisón (Tetrax tetrax), o “asison” como lo denominan los lugareños, era un ave tan común, que sus concentraciones invernales prácticamente cubrían el cielo cuando alzaban vuelo, con un sonido penetrante de siseo multiplicado por mil, que le sobrecogía a uno en aquellas soledades de Esparragosa de Lares, Acedera, Madrigalejo o Navalvillar de Pela, en rastrojos de cereal que incluían dehesas abiertas. En el momento presente resulta difícil ver grupos que superen los 30 o 40 ejemplares, no siendo raros los que ya ni llegan a la docena.

Pequeño grupo invernal de sisones.

  Hecatombe similar la ocurrida en sus zonas de apareamiento, donde en los años 90, no solo se situaban en áreas esteparias de pastizales y siembras, también en dehesas escasas de arbolado;  era común observarlo, y en densidades impensables en el momento presente, podías realizar estaciones de escucha y controlar 5-6 machos diferentes con sus característicos reclamos. En el presente es una especie extinguida al norte del Embalse de Orellana, como reproductora, y su disminución al sur de dicho embalse ha sido muy notable, en la línea del resto de su área de distribución, con cifras superiores al 70-80%. Las causas de su rarefacción son prácticamente las mismas que en el caso de la Avutarda, la eliminación de barbechos de larga duración de los últimos años, sin duda también ha repercutido en esta evolución.
  Rememorar cierta excursión con amigos alemanes, en abril de 1997, por el cordel serrano, con sus cámaras fotográficas de grandes objetivos; pensaban previamente la dificultad que conllevaría el fotografiar los machos de Sisón en sus actividades nupciales…, la gran sorpresa que se llevaron al comprobar que los había por docenas en el recorrido y que apenas se inmutaban por nuestro paso en el vehículo, ofreciéndoles oportunidades constantes de fotografiarlos. Hace poco volvieron, y su tristeza por el cambio drástico en la densidad que se había producido con los bonitos machos encorbatados, les descorazono.

Gangas Ibéricas en barbechos.

  El nombre vernáculo que se las da genéricamente en la zona es “cortezas”, se refiere indistintamente a la Ganga Ibérica (Pterocles alchata) y Ganga Ortega (Pterocles orientalis), algo habituales al sur del embalse de Orellana, aunque con poblaciones ya relictas al norte del mismo. En el caso de la Ortega, la disminución de su área de distribución es más pronunciado, pues hasta hace poco era frecuente en las zonas de cultivos cerealisticos de Orellana la Vieja, Acedera, Navalvillar de Pela o Madrigalejo, resultando ya muy escasa en dichas zonas. También al sur del embalse se verifica disminución de esta esteparia, en tanto en cuanto parece que la Ganga Ibérica se mantiene algo más estable.

Grupo de Ortegas al atardecer en dirección a bebedero.

  A finales de los años noventa, tenía localizado un bebedero de la especie en el río Zújar, donde todas las tardes bajaban a beber decenas de Gangas y Ortegas, en un carrusel inacabable de pequeños grupos de tan hermosas aves, paulatinamente fueron disminuyendo y en el momento presente ya no existe aquel bebedero, y los que aún existen son de un volumen mucho menor.
  La Carraca (Coracias garrulus), es una especie muy conocida por los lugareños en la zona, si bien no la conozco nombre vernáculo, algunos ganaderos y agricultores la denominan el pájaro azul por razones obvias.

Carraca en posadero.

  Mi hipótesis acerca de su disminución tiene una triple vertiente: la eliminación de la langosta, los arreglos en las viejas casas de campo donde situaban sus nidos, y los atropellos en carretera. Otros factores seguramente tendrán peso en su actual situación de escasez.
  Al norte del Guadiana existe un aparente vacio de la especie hasta llegar a las inmediaciones del Embalse de Sierra Brava, situación sobrevenida en los últimos años, pues hasta hace poco era común observarlo entre las localidades de Acedera y Madrigalejo, ligadas a zonas con casas en ruina. Al sur del embalse de Orellana, actualmente,  solo conozco su reproducción en cajas nido, con un cierto mantenimiento estos últimos años. Hace 15-20 años conocía en la zona varios nidos en cortijos y casas en ruina de la zona, incluso en colonias de Cernícalo primilla, hoy en día ya desaparecidos.
  Recuerdos imborrables de Carraca son los que nos ofrecían por su abundancia en las viejas casas de la finca del Palazuelo, junto a la carretera que partiendo de la N-430 se dirige a Madrigalejo, donde era habitual verlas posadas en las torres de electricidad a lo largo del verano, y podías sumar fácilmente en el trayecto 4 o 5 de estas bonitas aves.
  Otras muchas aves ligadas a los hábitats esteparios, como alcaravanes, calandrias, terreras, cogujadas o collalbas rubias  me traen recuerdos de mejores tiempos para su evolución y observación en el entorno de Orellana, pero prefiero no alargarme y de momento lo dejaré para una segunda entrada.
 
 
 
    
 
 
 

sábado, 12 de enero de 2019

Herederos





  Transcurrido el ecuador de la invernada de grullas, y sacudiéndome la pereza, desde hace algunos días quería ponerme delante del ordenador a escribir sobre tan insigne especie y los campos que la cobijan; el titulo de la entrada me lo proporcionan en bandeja de plata un par de aves anilladas que he podido ver en los últimos días y que me han traído recuerdos de la añorada pareja de grullas alemanas que tantos ratos buenos me proporcionaron, observándolas  estos últimos inviernos, recordad que el año pasado el macho superviviente ya apenas podía sujetarse sobre sus patas debido a los tumores que tenía en ambas tibias probablemente producidos por sus anillas. A partir de aquellas últimas citas no se han tenido más observaciones de este ave, y por su condición física lo más probable es que falleciese durante el viaje de vuelta al norte. Al menos queda su prole, que fiel a su cita con la tierra extremeña que les vio pasear junto a sus padres en temprana juventud, vuelven cada año a recorrer esos campos heredados. Ya llegan con sus respectivas parejas y seguramente en el futuro ellos mostraran a sus descendientes las mismas tierras que conocieron.

Descendiente de la familia alemana. En la presente invernada.

Descendiente de la familia alemana, la presente invernada.




     
Familia alemana con los ejemplares anteriores en su primer año. Noviembre 2016

  Desafortunadamente no corren buenos tiempos para la especie, y esos campos heredados, en los cuales convivían hombres y grullas, cada vez están más cercenados, el olivar intensivo y superintensivo se extiende como una mancha de aceite sobre su territorio de campeo, esta mañana estuve observando la gran extensión de arbolitos que están poniendo en los Bodonales de Acedera (parece ser que alrededor de 700 hectáreas), apenas hace dos inviernos era un hervidero de grullas, pero también en esas dehesas se reproducían Elanios azules, Águilas calzadas, Aguiluchos cenizos, Cigüeñas blancas, Búhos reales…, buscaba alimento el Águila perdicera y la Cigüeña negra entre otras especies; por todo ello, este sector fue declarado Reserva Biológica por parte de Adenex en los años 90. No hubo misericordia y la única dehesa de entidad que se encontraba en la parte central de la Zona Centro quedo cercenada de manera brutal.

Bodonal de Acedera, en enero de 2019

  La ZEPA de Moheda Alta no corre mejor suerte, a pesar de estar protegida por normativas europeas,  la mancha de aceite sigue su curso hasta abarcar un alto porcentaje de la misma, como se puede ver en el mapa adjunto, cada año el color rojo va ganando terreno, y las expectativas a pesar de la fuerte bajada en los precios de la aceituna son altas por convertir todo en un monocultivo que al final solo beneficiara a unos pocos.


  La Administración mira para otro lado, tras gastarse mucho dinero público en realizar instalaciones como observatorios de grullas, alojamientos, centro de interpretación de la especie…, y tener todas las facilidades del mundo en la puesta en funcionamiento de comederos; su desidia y desinterés han provocado esta situación, en la que paradójicamente el sitio menos indicado para ver grullas es donde se situaba su paraíso. En otras zonas de España y Europa se recuperan lagunas, se preparan comederos, se trata bien a la especie y sin duda el futuro premiara con creces estos desvelos, aquí como ocurre con el tren, llegaremos tarde, y en esta ocasión no podremos echar la culpa a los raíles, porque teníamos los mejores.
  En fin, no me quiero explayar en un tema que para mí es lacerante, tomare el camino de disfrutar de la especie, y haré algunas apreciaciones sobre aves anilladas que a lo largo del otoño tuve la fortuna de ir viendo. La grulla alemana de la fotografía es un caso interesante, pues tras pasar en soledad como veraneante todo el año en tierras extremeñas de la Siberia, se observo en compañía de sus congéneres en unos concurridos maizales.

Grulla veraneante, observada el pasado otoño.

  Dificultoso resulta el control de las grullas anilladas en Polonia estos últimos años, con combinaciones alfanuméricas, también pude ver y fotografiar una de ellas a escasa distancia,  su historial es poco menos que desolador, pues pocas opciones tienen de lectura salvo a corta distancia.

Grulla polaca con anilla alfanumérica.

  Otro caso complicado ocurrió con el ave anillada de la fotografía, de origen finlandés, que presentaba perdida la anilla superior izquierda, observándose un color verde cuya combinación era inexistente, citada previamente en Gallocanta.


  También pude controlar un joven macho de Aguilucho lagunero con marcas alares, en una actitud que suele ser habitual en la especie: como carroñera, en esta ocasión sobre los restos de una grulla. Realizadas las averiguaciones pertinentes, se trata de un ave nacida en Inglaterra, junto a su costa oeste que también ha realizado un importante esfuerzo migratorio, en este caso seguramente en soledad. Coincide esta cita, con el inicio en la ocupación de sus territorios habituales de cría de los laguneros autóctonos de la zona.



lunes, 1 de octubre de 2018

LA NUTRIA (Lutra lutra)


  


  La historia que voy a contar se remonta a febrero de 1996, y ocurrió en la localidad de Orellana la Vieja (Badajoz), a alguien le puede resultar rocambolesca, pero ocurrió tal cual se detalla a continuación:
  Aquel invierno fue especialmente lluvioso, todos los arroyos y desagües del pueblo rezumaban agua y humedad; el embalse de Orellana está situado a las puertas de dicha localidad, y cualquiera sabe los motivos que llevaron  aquel macho de nutria que superaba el metro con veinte centímetros entre el hocico y la punta de la cola, así como alrededor de 10 kilogramos de peso, a adentrarse en el pueblo a través de los albañales de desagüe situados en los corrales.
  En cualquier caso, la primera referencia de este ejemplar, nos la da un señor, cuyos perros la detectan en una leñera de su casa y quizás asustada por los ladridos de los canes, hizo que abandonara ese lugar para adentrarse en una casa vecina, en la cual vivían una pareja de ancianos.
  Buscando el frescor, la humedad, mayor seguridad o quien sabe cual motivación, nuestra protagonista acabo metiéndose en la bañera de la casa de los ancianos. El señor de la casa, debió sentirse en peligro por el animalito, y ni corto ni perezoso tomo la paleta de hierro que habitualmente se usa para remover los braseros de picón, y la propino una brutal paliza a la pobre nutria, dejándola seriamente malherida.

Fotografía: nutria malherida por los golpes.

  Algún conocido de esta familia me aviso de la presencia de este ejemplar, y como delegado en aquel entonces de Adenex, fui a recogerla para trasladarla al Centro de recuperación de fauna que por aquel entonces regentaba dicha asociación. Poco pudieron hacer por ella, pues a los pocos días, tan hermoso ejemplar falleció debido a las heridas sufridas.

Fotografía: nutria de la bañera.

  Sirva esta anécdota como introducción para hablar de mis contactos con tan espectacular especie, que tiene un bastión poblacional importante en la Zona Centro de Extremadura, con lugares emblemáticos como el mencionado embalse, así como los ríos Zújar y Guadiana.
  Este mamífero carnívoro de costumbres semiacuaticas, siempre me llamo la atención; no es una especie fácil de observar por sus hábitos crepusculares y tímidos, suele ser más frecuente encontrar sus acumulaciones de excrementos característicos al lado de los cursos de agua, también sus huellas en los lodazales por donde campea, y desgraciadamente, también por los restos de ejemplares muertos por atropello en diferentes puntos de sus recorridos: nada menos que 12 nutrias muertas por este motivo, he podido constatar en los últimos 25 años, principalmente en primavera, pero también en diciembre y enero, fechas en las que posiblemente la especie sea más vulnerable por cuestión de reproducción y/o cambio de territorios de campeo.

Fotografía: cagarrutero de nutria junto a canal de riego.

  Parece ser que se reproducen en cualquier época del año, particularmente tuve la fortuna de ver grupos familiares a lo largo de la primavera, sobre todo en marzo, aunque en diciembre de 2008 pude ver una pequeña nutria que gritaba insistentemente buscando sus progenitores, en un puente del río Cubilar.
  Sin duda, la proliferación del cangrejo rojo americano en el embalse de Orellana y en casi todos los cursos fluviales de la zona, incluyendo charcas, arroyos, acequias, canales de riego, incluso arrozales, han beneficiado a la especie, y pocos son los puntos adecuados donde no trasiega tan insigne pescadora.


  No rehúye los canales de riego a su paso por zonas densamente pobladas, tampoco embarcaderos y pantalanes, en donde incluso llegan a reproducirse, ni tampoco los puntos de pesca más concurridos, donde sin duda aprovecharan piezas desechadas y aturdidas.

Fotografía: nutria en canal de riego, en plena madrugada.

  En el mapa adjunto del embalse de Orellana, pueden verse marcadas las zonas donde he podido observarla, si añadiésemos los rastros, el punteado rojo sería mucho más homogéneo y casi cubriría toda la superficie de dicho lago artificial, lo cual nos puede dar una idea de su abundancia en la zona.

Mapa con observaciones de nutria a lo largo del Embalse de Orellana.

  Siempre permanecerá en mi retina, otra vieja cita, de hace ya más de un cuarto de siglo; aquella nutria juguetona en los rápidos de la recula del embalse de Orellana, estando en compañía de aquel insigne grullero que fue Göran Lundin. Cuando aquella nutria jugaba a los pies de tres Cigüeñas negras, que curiosas seguían sus cabriolas, en una tarde lejana de invierno soleado, censando grullas, y que nos brindo aquel bonito espectáculo.



martes, 10 de abril de 2018

Nota sobre el momento de independencia de una joven grulla




 El momento de independencia de las jóvenes grullas respecto de sus progenitores ocurre al final de la invernada o durante el viaje migratorio de retorno a los países donde se reproducen.  En ocasiones ya a finales de enero se pueden ver jóvenes al margen de sus padres en las zonas de invernada.
  La pasada invernada, tuve la fortuna de controlar un grupo familiar territorial, muy apegado a una zona determinada desde primeros de diciembre hasta su marcha, con tres de sus cuatro componentes anillados, tan solo uno de los pollos escapo al marcaje.  Circunstancia que me permitió documentar el momento preciso en que se produce el viaje de los adultos, y los movimientos de los jóvenes desde ese momento.


  La última observación del grupo familiar completo se produce el 14 de febrero, una vez más en la parcela adehesada y con siembra de cereal donde era habitual encontrarlas,  en esa fecha nada hacia presagiar que en breve los padres abandonarían a su prole del año, más aún observando el celo que demostraban ante cualquier intruso que se acercase a los jóvenes. Al día siguiente ya no las veo allí, y desde entonces tan solo observo al joven anillado en unas parcelas con rastrojos de arroz y maíz adyacentes al lugar donde convivieron durante los meses anteriores.


  Este joven anillado, probablemente en la compañía de su hermano no anillado, y dentro del contexto de un grupo más numeroso conformado por otros jóvenes de año y algún individuo subadulto, permanece en la zona hasta el 13 de marzo, posteriormente y durante una semana más veo el grupo de jóvenes cada vez más mermado, pasando de los 120 ejemplares a finales de febrero a apenas 30 el 15 de marzo, para desaparecer de este sector unos días después.




   El periplo de los padres también pude documentarlo gracias a la información del Dr. Eberhard Henne que me aviso de la llegada de los padres a su zona de cría en Alemania el 7 de marzo, tres semanas después de su partida desde Extremadura y tras recalar en Francia.

jueves, 8 de marzo de 2018

Vegas y dehesas de Ruecas, Cubilar y Moheda Alta: la ZEPA moribunda


  
La famosa encina del Convenio

  La vieja encina petrificada del Convenio, situada en el Parque de Conservación y de ocio de Moheda Alta, aquella donde los antiguos ganaderos de Pela se repartían la montanera, es la triste metáfora de la situación de los encinares de dicha ZEPA, y de todos los existentes en el entorno de la Zona Centro.
  Precisamente la ZEPA “Vegas y dehesas del Ruecas, Cubilar y Moheda Alta”, tiene su principal motivo de creación  en la conservación de las dehesas de encinas que ocupan buena parte del espacio natural; en el momento de su declaración contenía además de los mencionados encinares. una buena extensión de arrozales y maizales, que hacían del 100% de su extensión un hábitat adecuado para las grullas, además de otras muchas especies reproductoras e invernantes.
  Las 14.226 Hectáreas que componen dicho espacio se solapan con las 7.442 que engloba la Zona de Especial Conservación de las “Dehesas del Ruecas y Cubilar”, y que en síntesis darían un plus de protección al sector de encinares de dicho espacio. Nada más lejos de la realidad, da igual que los terrenos se sitúen en una o en otra de las figuras “protegidas”, todo ello es compatible con su destrucción mediante la implantación principalmente del olivar superintensivo.

Implantación de olivar super intensivo en una dehesa


  De este modo, llegamos al momento presente, en el cual ya un porcentaje importante de dicho espacio ha sido transformado irreversiblemente en cultivos sin ningún valor medioambiental, simplemente productores de materias primas, como si se tratase de países tercermundistas; a cambio de nuestro ecosistema tradicional, el que nos legaron nuestros abuelos y predecesores, el que produce una ganadería extensiva envidia de todo el mundo, con productos ibéricos y carnes de primera calidad, la armonía de la dehesa con su aprovechamiento sostenible combinado: forestal, agrícola y ganadero, también turístico.
  En el contexto actual con una sequia cuasi endémica, con problemas de abastecimiento incluso para los regadíos ya implantados, el destruir nuestros ecosistemas tradicionales a cambio de materias primas es algo que no  debería permitir la Administración que representa a todos los extremeños, menos aún en espacios en teoría protegidos, espacios cuya razón de existir será su disfrute por las generaciones que nos precederán.
  En los mapas adjuntos se puede observar en el primero  la delimitación de dicho espacio, con su zonificación según su Documento de Gestión, y en el segundo mapa, marcados en rojo, todos los enclaves que  han sido transformados en plantaciones intensivas de olivo, adecuadas para ser recogidas con maquinaria y que apenas emplean mano de obra. A “grosso modo”, el 15% del territorio ya dejo de ser adecuado para las aves y la naturaleza en general, en ellos reina el glifosato, el mechero y el sondeo. Previamente a la fiebre del olivar, las manchas de este cultivo eran muy escasas en el área, y quedan marcadas por rojo subrayado.
  
Mapa de la ZEPA y su zonificación


Implantación de olivar intensivo dentro de la ZEPA

  Las perspectivas futuras no son nada halagüeñas, todo lo contrario, proliferan las solicitudes para su transformación completa en un cultivo intensivo; la Administración regional, decantada por la  parte fuerte, el dinero a corto plazo, el incumplimiento de los compromisos que conlleva la declaración de figuras de protección, seguirá permitiendo que la parte débil, la naturaleza, pierda terreno; quizás ya de modo irreversible esta ZEPA ya no tenga su razón de ser.
  A nivel ornitológico son muchos los síntomas que inducen a pensar que la zona está tocada de muerte, la presencia de aves esteparias es prácticamente testimonial, sólo la Avutarda y la Ortega sobreviven a duras penas y cada año en menor número;  el Sisón y el Aguilucho cenizo hace años se extinguieron como reproductores, siendo sus perspectivas de recuperación nulas en base a lo que pudiera quedar de territorio optimo. Otras aves ligadas al secano tradicional como la Carraca, el Mochuelo o la Canastera son mucho más difíciles de observar que hace apenas 5-6 años.
  Especies ligadas a la dehesa como el Elanio azul han pasado de ser habituales en muchos de los recorridos a ser citadas casi de manera excepcional. Las Grullas, razón de ser de este espacio y del Centro de Interpretación de Moheda Alta, cada invierno permanecen menos tiempo y en menor cantidad en la zona, la falta de alimento con la destrucción de sus hábitats es evidente, dejando de ser su área emblemática en toda Extremadura y quizás en toda Europa.



  
  


  Muchas de las fincas objeto de estos proyectos, en su día conformaron la Estación Biológica de las Dehesas que ADENEX implanto en la zona con el buen criterio de dejar espacios adehesados y adecuados para las grullas en el momento que el plan de regadíos de la Zona Centro se realizaba: Zarzalejo, Gorbea, El Bodonal (esta finca fuera de la mencionada ZEPA, aunque a escasa distancia, y en el momento presente también brutalmente en proceso de destrucción). Nada de ello se tuvo en cuenta para su transformación, es doloroso pensar en aquellas excursiones de ornitólogos y naturalistas del centro y el norte de Europa, que venían durante el invierno a disfrutar de aquellos espacios llenos de vida, que pensaran cuando vean los nuevos paisajes de Extremadura, “El paraíso ornitológico”, que ya  no nos pueden vender, porque la realidad es terca y la evidencia demuestra que aquello ya paso.

  
Obras en la dehesa del Bodonal, para transformarla en regadíos


lunes, 5 de febrero de 2018

TIEMPO DE ANILLAS

  La presente invernada viene marcada por una baja cantidad de grullas en la Zona Centro, influenciada parcialmente por la sequia, la mala gestión agrícola de los rastrojos de cara a la especie (quemas, arados, sobrepastoreo…), y sobre todo la brutal transformación del ecosistema, que está llevando a la desaparición de los cuatro recursos fundamentales de la especie: rastrojos de arroz y de maíz, siembras de cereal en secano, y dehesas. Todo ello ante una implantación masiva y sin planificación del olivar intensivo.
  Sectores antaño masivamente ocupados por la especie en esta época, se encuentran casi vacios de grullas: Moheda Alta, Valdepalacios, regadíos de Vegas Altas-Obando, Vega de Zarzalejo, La Rana. Tratando de sacar provecho a la escasa presencia de grullas, he dedicado más tiempo al seguimiento de ejemplares anillados de carácter territorial, que vienen ocupando áreas de campeo bastante acotadas día tras día, al margen de grandes grupos nómadas que este año no encuentran recursos adecuados por aquí.
  El primero de los casos es el macho alemán sobreviviente de su pareja habitual en el área de Madrigalejo, con la cual estuvo muchos años en esta misma parcela de invernada. Muy ligado a un pequeño arrozal  y sus campos circundantes, donde sobrevive a pesar de un tumor importante en la tibia izquierda, probablemente causado por las anillas, y que quizás motive que esta sea su última invernada. En algunas ocasiones lo veo apoyado sobre los tarsos, en un intento de reducir los fuertes dolores que le produce apoyar la pata enferma.

En la foto podemos ver el tumor en su tibia izquierda.
Tarsos apoyados en suelo para descargar peso de su pata.


  Otra familia alemana sitúa su territorio habitual de campeo en una dehesa recóndita y relativamente alejada de núcleos grulleros importantes, la conforman los dos adultos anillados, un joven de año también anillado, y un segundo pollo más veloz y escurridizo que los anilladores, y que pudo escapar del estigma familiar. Ambos adultos fueron anillados como tales y ya emparejados en 2011, desde entonces invariablemente vienen a pasar el invierno a esta zona, alternando años con pollos y otros sin descendencia.


  Los dos casos siguientes son aves lituanas que portan transmisor GPS, el primero de ellos es Ramunas, transmisor a la espalda,  que paso parte del mes de diciembre en las inmediaciones de Vegas Altas, donde permanecía frecuentemente solo y sufría una cojera importante, la anilla metálica se le había subido a mitad del tarso y probablemente soportaba algún tipo de presión por dicho motivo. A principios de enero comienzo a observarlo en una dehesa a 15 kilómetros, donde parece se recupera del problema en su pata, pues en las últimas observaciones camina sin cojear.

Ramunas, solitaria en Vegas Altas.

En la foto se puede ver la anilla metálica en mitad de la pata,

La otra lituana sitúa su área de campeo en una dehesa próxima a la localidad de Casas de D. Pedro, emparejada y dentro de un grupo conformado por unas 15 aves más, se alimenta en los posíos adehesados de un sector muy limitado, con querencias diarias muy definidas. El transmisor lo porta en la pata izquierda, y probablemente sea una de las grullas que más información deriva por medio de su transmisor para toda Europa.






  Estos últimos años se complica la observación de grullas anilladas por las nuevas modalidades de marcaje utilizadas tanto en Polonia, con combinaciones alfanuméricas sobre fondo blanco, de difícil lectura a distancia, y también el uso de un nuevo color en las combinaciones alemanas, el marrón, con la dificultad de verificación en determinadas condiciones de luminosidad, fácilmente confundible con el negro, para muestra, la foto de un ejemplar alemán de los que han pasado por la Zona Centro con marrón en la anilla izquierda y negro en la derecha, para confrontar.

Marrón en anilla izquierda y negro en la derecha, para comparar.