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jueves, 7 de octubre de 2021

TRAS LA ESTELA DEL QUEBRANTAHUESOS

Mirando 40 años atrás, tenía en mi recuerdo un ave mítica que por aquella época me resultaba inalcanzable por diferentes motivos: lejanía, escasez, ubicación en lugares inaccesibles…, aún recuerdo aquellos cuadernos de campo del Doctor Rodríguez de la Fuente, la ilusión que me causo poderme hacer con el dedicado a esta especie; un ave que con el transcurrir de los años fui dejando en la reserva, y que a lo largo del pasado verano volvió a mi mente con fuerza: El Quebrantahuesos.
Finalmente y tras tantos años, por fin hace pocos días me pude trasladar para intentar observarla en su hábitat natural por excelencia: los Pirineos Aragoneses. Aunaba en una misma visita, la observación de parajes extraordinariamente hermosos y agrestes, especies de avifauna ligada a estas latitudes y sobre todo ello la búsqueda de esta hermosa rapaz, mitad buitre y mitad águila.
No las tenía todas conmigo, pues aunque sabía que ya no eran las escasas 20 parejas de la especie de las que hablaba Félix en su cuaderno de campo, -los últimos censos multiplican por 10 aquella cifra-, persistía en mi mente la idea de que estos buitres barbudos estarían ligados a montañas de difícil acceso y además se trataría de aves extremadamente recelosas a la presencia humana. Una vez allí, toda esa percepción cambio, comprobando que aunque no es común, tampoco es difícil de observar en la media montaña, en algunos miradores o incluso paseando por el Parque Nacional de Ordesa y alrededores. A lo largo de toda la semana que permanecimos en la zona, diariamente pudimos ver ejemplares de la especie, incluso en alguna ocasión en un revuelo de buitres contamos hasta 6 quebrantahuesos. Tampoco fue difícil ver jóvenes de año.
Paradójicamente el contacto más intenso e intensivo con el Quebrantahuesos lo tuvimos en una zona fuera de los Pirineos, el Parque Natural de la Sierra de Guara, situada en el pre pirineo y de la mano de nuestros amigos de Huesca: Francisco, Silvia y Javier, que dentro de las actividades que realizan como el GOO (Grupo Ornitológico Oscense), figuran los aportes de alimento a aves carroñeras en la mencionada sierra. Gracias a su invitación para poder acompañarles en su labor, tuvimos la suerte de disfrutar de una pareja de estas rapaces a lo largo de todo un día, viendo como accedían a los huesos del comedero, como los engullían y sus fantásticos vuelos sobre nosotros. Digno de mención fue el espectáculo de cientos de buitres leonados comiendo alrededor de las personas que les cebaban, como si se tratase de un hatajo de ovejas en torno a sus pastores.
En estas observaciones, pudimos comprobar la coloración distinta en el plumaje del pecho y vientre que tienen los quebrantahuesos de ambas zonas, siendo más anaranjada la de aves pirenaicas (parece ser debido a la composición del agua donde toman sus baños, de carácter más ferruginosas), y la más blanquecina de los ejemplares de Guara. Ver como transportan los huesos a sus rompederos entre las garras, pues se trata de la única especie de ave de todo el planeta que se alimenta exclusivamente de huesos y la agilidad de sus vuelos, muy superior a la de sus parientes los Buitres leonados.
La composición familiar de la especie tiene además algunas peculiaridades, pues no solo queda limitada a las habituales parejas, según parece muchos de sus territorios están ocupados por tríos conformados por dos machos y una hembra, incluso estos últimos años se han localizado algunos cuartetos territoriales.
Otras muchas especies faunísticas se dejaron ver en los recorridos, llamándonos especialmente la atención por sus costumbres y aspecto las marmotas, que conviven colonialmente en prados alpinos soleados, dedicando todo el día a solearse, vigilar los alrededores y comunicarse mediante silbidos.
Sin duda una experiencia muy gratificante poder ver al legendario Quebrantahuesos, aquel que estuvo al borde de la extinción y que en aquella lejana adolescencia llenaba de sueños nuestro incipiente espíritu naturalista.

viernes, 8 de enero de 2021

VILJA Y OTRAS HISTORIAS DE GRULLAS

Me fascinan los días invernales extremadamente desapacibles, en los que se conjugan varios fenómenos meteorológicos que evitan que mucha gente salga al campo: niebla, frio, lluvia, viento…; esos días encuentras momentos en los que parece que las grullas lo inundan todo y no existe nada que se interponga a su quehacer diario, sus comunicaciones entre diferentes grupos familiares, sus relaciones sociales, el aprendizaje de los jóvenes. Uno de esos días, conocí a Viljandimaa (“Vilja” para los amigos); una grulla de Estonia en su segundo año de vida que porta transmisor GPS, a la que por consiguiente se hace un seguimiento exhaustivo de su actividad. Su primer año de vida la llevo a conocer tierras norteafricanas tras atravesar desde Hungría la Península Italiana, para posteriormente recalar en tierras cordobesas y tras hacer escalas en Gallocanta y Suiza, volver a su país de origen.
Este otoño llego a la Zona Centro tras pasar por Hortobágy (Hungría) y tomar directamente la ruta occidental a través de Francia. Indagando en sus movimientos por la Zona Centro, me sorprende la gran variedad de ambientes donde busca alimento: rastrojeras de arroz, maíz, girasol y cereal en secano, dehesas con siembra y en posío, pastizales y siembras desarboladas, prácticamente no dejo de visitar y pastorear ninguna zona donde pudiese encontrar alimento. Sin duda dentro del contexto de esos grandes grupos trashumantes que aprovechan las grandes fuentes de recursos de manera aparentemente anárquica como se puede ver en el plano adjunto.
El 15% de todas las grullas anilladas que he observado hasta el momento en la presente invernada son polacas de tipo alfanumérico, y la mitad de ellas pollos de año, teniendo en cuenta que un porcentaje importante de intentos de lectura con este sistema fracasa por cuestiones de visibilidad o lejanía, da idea sobre la importancia que tiene la Zona Centro para las grullas polacas, y la pérdida de información que supone un sistema de marcaje inadecuado, como diríamos “hablando en plata”, lastima de sacrificio para la especie por la poca rentabilidad que deben obtener de estas grullas comparativamente con la información que aportarían anillas con combinaciones de colores.
Hace menos de un año escribí en este blog una entrada titulada “Vallados y grullas: lazo mortal”, por desgracia hace pocos días pudimos asistir a otro caso de grulla afectada por tan mortal accidente. En este caso poco pudimos hacer por ella, salvo liberarla de tan horrible tormento y ver como agonizaba tras las graves heridas producidas por el accidente. Tenía el ala derecha literalmente destrozada de intentar zafarse del lazo y friccionarla contra el vallado de espinos, la pata aprisionada descoyuntada y en el pie una grave herida sangrante producida por las puas de los alambres que la aprisionaban seguramente desde muchas horas atrás. Nuevamente desde aquí hacemos una llamada al sentido común de nuestros gobernantes (¿¿existe esto??), para reemplazar este tipo de vallados en nuestros campos, por otros menos perjudiciales para la fauna.
Como no quiero terminar esta primera entrada con el mal sabor de boca que nos dejan los accidentes de grullas, quiero resaltar el encuentro tan multitudinario de moritos que tuvimos hace unos días en la zona de Yelbes, que no creo que bajase de los 500 ejemplares, y que se alimentaban en compañía de grullas en unos rastrojos de maíz. En todo caso Feliz Año nuevo a todos los visitantes de “Grullas veo”, y que el nuevo año nos regale felicidad en forma de contacto con la naturaleza.

viernes, 20 de noviembre de 2020

TIERRA QUEMADA

Encinas quemadas este otoño.

  Tierra quemada es una táctica militar que consiste en destruir todo aquello que pueda servir al enemigo cuando avanza y trata de sobrevivir a través de un territorio, empleada desde la antigüedad, son memorables los ejemplos que ocurrieron en Rusia al intentar ser invadida por los ejércitos napoleónicos en 1812, y posteriormente por el ejército alemán en la segunda guerra mundial en la denominada “operación Barbarroja”, y que ayudaron a evitar la invasión de dicho país.

Rastrojos quemados.


  Si uno mira los campos de las Vegas Altas del Guadiana a finales de verano o principios de otoño (también cada vez con más frecuencia a principios de primavera), la imagen que encuentra podría perfectamente retrotraerle a aquellos episodios bélicos de antaño; las múltiples quemas que se producen no respetan nada, aunque el cometido al que aluden los agricultores cuando las realizan es la eliminación de la paja sobrante que permanece en las cosechas de cereal  tras la siega,  y pese a que es una actividad ilegal encubierta por una permisividad descarada de la Administración, dichas quemas no respetan nada que circunde sus cultivos: arroyos, lindes, pequeños bosquetes, repoblaciones en canales, arboles aislados o dehesas abiertas conocen estos “fuegos purificadores” –denominación que alguno de estos señores dan a sus quemas-, precisamente aquí es donde encuentran su último refugio multitud de animales y plantas, zonas a las que no puede llegar la intensificación agrícola por ser de dominio público y que ellos pretenden gestionar a su libre albedrio.  Extrañamente estos fuegos nunca afectan a sus cultivos de leñosas, sin duda aprendieron como manejar el fuego para luchar contra su enemigo, cuyo nombre es biodiversidad.

  Me imagino los millones de anfibios, micromamíferos, reptiles, insectos, plantas… que sucumben en esa batalla desigual. Batalla cuyo objetivo final es la eliminación de toda forma de vida diferente a la humana y sus necesidades vitales. Lo que no saben es que aunque consigan la victoria, al final seremos los grandes derrotados.

Arroyo totalmente arrasado por el fuego.


  Como botón de muestra sirvan las imágenes que aparecen en la presente entrada y que  cualquiera puede tomar en uno de esos días cuando el humo irrespirable del “fuego bendito” adorna hasta el último centímetro de esos campos, dándoles un aspecto fantasmagórico y de apariencia neblinosa.

Dehesa tras realizarse quemas.


  La vida o lo que quede de ella sigue, y como todos los años han regresado las grullas a sus territorios de invernada, cada vez más reducidos e inseguros. Como parte de esa biodiversidad o enemigo a batir tampoco tienen derecho a refugio, no existe espacio para ellas, la pomposamente llamada red de espacios naturales de Extremadura, no es otra cosa que un mero formalismo, selecciona una serie de lugares teóricamente para conservar la biodiversidad de aves, y en concreto para preservar la invernada de las grullas, para ello se nombro la ZEPA (Zona de Especial Conservación de Aves) de las Vegas del Ruecas, Cubilar y  Moheda Alta.

Las grullas de regreso.


  Si uno visita en el momento presente dicho espacio se da cuenta que los hábitats que dieron lugar a su elección como área de conservación han disminuido de manera sustancial, prácticamente al este de la carretera entre Obando y Guadalupe solo quedan las encinas del parque periurbano de Moheda Alta, y salvo los arrozales de Valdepalacios, el resto del territorio es un olivar superintensivo de enormes dimensiones, que no hace sino crecer de año en año.

  El resto del espacio natural tampoco se salva de la implantación de cultivos de leñosas, emblemáticos lugares para las grullas como lo eran la Vega de Zarzalejo, la Cañada la Culebra, la Vera de Gorbea, la Suerte y la Paridera de Gorbea, y ya también se encuentra abancalada y preparada para recibir estos cultivos algún sector de Las Talarrubias. Un despropósito que ya afecta a un porcentaje significativo de la superficie de dicha ZEPA, y que debiera inducir a la Comunidad Europea a replantearse si realmente este despropósito puede formar parte de la Red Natura.

  Algunas viejas conocidas han ido llegando estos últimos días a la zona, entre otras la grulla polaca de la imagen que  lleva regresando al mismo sector toda esta década, en los dos años anteriores acompañada de sus pollos. También el macho alemán de la otra imagen tiene un historial dilatado de regresos a este sector en los últimos 10 inviernos en compañía de su pareja también anillada, la hembra de esta pareja lleva sin observarse más de un año, aunque es pronto para darla por perdida, fácilmente haya muerto.

Grulla polaca.

Grulla alemana.

 También han permanecido en los arrozales de la zona un grupo de Flamencos rosas (Phoenicopterus roseus) a lo largo de las últimas semanas, especie que no es infrecuente en este tipo de ambientes. Uno de ellos anillado y procedente del Delta del Ebro en Tarragona. 

 

Grupo de flamencos en las Vegas Altas.


Flamenco anillado en el Delta del Ebro.

viernes, 31 de julio de 2020

Pánico en la colonia

Macho de Aguilucho cenizo en colonia de la especie.

Recientemente finalizada la campaña de conservación de aguiluchos cenizos y otras aves ligadas a ambientes esteparios, con el vuelo de los últimos jóvenes a finales de Julio, en líneas generales podemos hablar de unos resultados muy positivos con una productividad que hacía más de una década no conseguíamos ver en esta especie. Además de las medidas tomadas para la preservación de los nidos de aguilucho, dos factores han sido fundamentales para la obtención de tan buenos resultados, la presencia abundante de langosta y una primavera lluviosa, probablemente ambos aspectos ligados entre sí, y sin duda junto con la preservación del hábitat conforman los ingredientes básicos para la pervivencia futura de las aves esteparias.
La presencia de langosta es vital para las aves esteparias.

En la naturaleza nada es seguro, nunca dos y dos suman cuatro, hay siempre agentes externos que interactúan y donde menos esperamos surge un contratiempo o un predador oportunista que nos da al traste con el trabajo en alguna de las diferentes colonias que todos los años manejamos. Desgraciadamente el aguilucho cenizo, sus pollos y sus nidos son plato apetecible para una gama enorme de predadores.
Llevo trabajando en la protección de la especie más de 25 años, y cada campaña tiene su afán, al principio el paso de cosechadoras y empacadoras fue el mayor peligro para la especie, una vez sensibilizados, puestos a colaborar agricultores y ganaderos, la siguiente circunstancia con la que tuvimos que luchar fue contra el magnífico plantel de predadores con que cuenta la especie: desde la culebra bastarda, al cuervo, pasando por diferentes especies de águilas, meloncillos, perros asilvestrados...
La base de la campaña son dos métodos de manejo, a veces superpuestos, que últimamente están dando un buen resultado, y con los cuales hemos conseguido mantener estable la población de cenizos en nuestra zona de trabajo, entre los embalses de Orellana y Zújar-La Serena, se trata del cerco metálico y los retrasos de siega. Además estás últimas temporadas hemos minimizado el acceso a los nidos, salvo en el momento de colocar los cercos, mediante el uso de drones, que nos evitan dejar rastros para predadores en la entrada a las siembras.
Uso de drones para el seguimiento de nidos.

El Zorro es el principal enemigo del Aguilucho cenizo en la zona, actúa exclusivamente sobre nidos, tanto en huevos como en las diferentes fases de edad en pollos que no vuelan aún. El Milano negro es junto al Jabalí, el segundo de los enemigos más acérrimos de las pequeñas rapaces, actuando alguna vez en nidos, pero fundamentalmente sobre jóvenes recién volados, cuando sus capacidades de maniobra son más bien escasas, en ese momento el pirata captura con alguna frecuencia estas presas; el jabalí actúa igualmente sobre nidos, cada vez es mayor su proliferación, grandes piaras descansan e incluso se reproducen en el interior de las siembras, y es aquí, cuando coinciden con alguna colonia de cenizos, que arrasan los nidos reduciendo la colonia a la nada.
El zorro es el principal enemigo de los nidos de Aguilucho cenizo.

Desde hace años, el Aguilucho cenizo también cuenta con un enemigo formidable, silencioso, nocturno, fuerte como casi ninguno de los anteriores. Este predador no sólo actúa sobre nidos y jóvenes volados, también y de forma alevosa sobre los adultos, sin duda es el terror de la colonia, sin lugar a dudas es el predador perfecto, admirable, aunque nos cueste reconocerlo porque da al traste con nuestro trabajo, como ya habréis adivinado, se trata del Búho real.
El Búho real, vampiro de la noche en la colonia.

Desde principios de mayo, actuamos sobre una colonia de unas 15 parejas de aguilucho cenizo, dejando una parte importante de la hoja de siembra, a través de un acuerdo con el propietario como retraso de siega hasta la primera decena de Julio, fecha en la que habitualmente ya han volado todos los jóvenes cenizos perfectamente. Otra parte de la colonia es segada en verde, para heno, los rodales que se dejan, según van naciendo los pollitos son cercados con valla metálica para evitar predación. Aunque sabemos que en el campo nada es seguro, tenemos buenas expectativas para esta colonia.
Ceba en nido de aguiluchos, protegido con cerco metálico.

Los pollos van creciendo poco a poco en la tranquilidad que le pueden ofrecer los métodos de manejo, empiezan a volar los primeros jóvenes a primeros de junio, y además la hoja con retraso de siega cobija un importante dormidero de aguiluchos todas las noches. Esta situación, con presencia de tanta comida y la conocida animadversión del Gran Duque por las rapaces diurnas, no pasa desapercibida para este gran predador.
Búho real, siempre vigilante.

Comenzamos a ver en lo alto de grandes alpacas (imposibles de acceder por parte de Zorros u otros mamíferos carnívoros), desplumaderos con restos de Aguilucho cenizo, en un principio sólo jóvenes recién volados, posteriormente  vemos que incide sobre pollos que aún estaban en nidos, y más tarde comenzamos a ver desplumaderos por la zona de ejemplares adultos, principalmente hembras. El terror en la colonia se palpa, al dirigirnos a ver la situación de los nidos, la actitud de las hembras no es de realizar sus habituales gritos de alarma, nos resulta extraño, casi no las vemos en la zona, sin embargo las intuimos porque los nidos con cercado continúan todos activos y con el crecimiento correspondiente de los pollos.
Restos de aguilucho cenizo sobre alpaca.
El búho real continua atacando a diferentes componentes de la colonia, a veces con saña, aplasta la cabeza de un adulto o un pollo y lo deja allí, como avisando que es su territorio y que no los quiere allí, la mayoría de las veces deja desplumaderos y transporta los restos de sus presas fuera, sus pollos deben estar grandes y ser voraces. Utilizamos cámaras de foto trampeo, colocadas en posaderos, en nidos…, no es necesario para saber quién es el protagonista, siempre deja su firma, al lado de los desplumaderos, encontramos restos de plumón de la rapaz nocturna.
Hembra muerta por el Búho en la colonia.

Al observar que también preda sobre algún nido de la zona reservada, optamos por colocar también cercos metálicos a estos nidos, finalmente resultan salvadores pues no vuelve a incidir sobre ningún otro nido. Alrededor del 20 de junio, comprobamos que el episodio de predación por parte del Búho finaliza, al menos en la colonia y su área periférica, tras predar una docena de jóvenes volados y adultos, y al menos dos o tres pollos medianos en el nido.
Grupo con 5 jóvenes volados en la colonia.

Como comentaba al principio, en líneas generales ha sido una buena campaña, con muchos jóvenes volados de la especie, que sin duda son el preludio de continuidad de esta rapaz que cada vez se encuentra en situación más extrema en nuestros campos. Desde aquí quiero agradecer el fuerte compromiso de los miembros del grupo: Mauro Rodríguez, Juan Parralejo y Miguel Gómez, el apoyo incondicional de nuestros compañeros suizos, aunque este año por las circunstancias de pandemia no nos hayan acompañado fisicamente, y la colaboración de agricultores y cosecheros de la zona.
Retirada de cercos al final de la campaña.






























martes, 5 de mayo de 2020

EL PEQUEÑO BÚHO


  
Mochuelo curioseando.
  Mi viejo amigo Patricio, me contaba frecuentemente la anécdota de la familia de Mochuelos que criaba dentro de su pequeña casilla campestre de adobe, y que utilizaba en aquellas primaveras y veranos ya lejanos; le llamaba poderosamente la atención esa curiosidad casi burlona que manifestaban los pequeños búhos ante sus movimientos, sin duda acrecentada por sus grandes y hermosos ojos de tonos amarillentos.

  Hace varias décadas que falleció mi viejo ayudante de campo, la pequeña casilla de adobe actualmente es apenas un amasijo de tierra, y por aquellos campos donde antaño prosperaban varias parejas de Mochuelos, se ha impuesto una agricultura intensiva excesivamente agresiva, que no permite la supervivencia ni de esta ni de otras muchas especies antaño abundantes, y que hoy tristemente languidecen, ante la pérdida de aquellas labores campesinas más benignas para los otros habitantes del lugar; agricultura tradicional que apenas usaba pesticidas, con poco uso de un elemento tan escaso como el agua, y que respetaba los descansos de la tierra con barbechos de larga duración.
  Resulta vertiginosa la disminución de algunas especies que hasta hace poco eran abundantes, a poco de salir de nuestros pueblos, la lista es mucho mayor, pero por nombrar algunas de ellas, emblemáticas para los aficionados a la ornitología, baste citar además del Mochuelo, a la Lechuza común, Cernícalo primilla, Alcaudón real,  Carraca, Sisón o la Calandria. El descenso además no parece tener fin, o lo que es peor su fin ira paralelo a la extinción de estas especies.

Mochuelo, en posadero.

  Sorprendía por aquel entonces, la cantidad de jóvenes Mochuelos que acababan su vida atropellados en las carreteras, en su afán por buscar insectos en el asfalto de las mismas, en pleno verano tanto esta especie como el Chotacabras pardo pagaban un alto tributo por su tipo de alimentación y la inexperiencia de los jóvenes que acababan de abandonar sus nidos.  Cierta noche, regresando del campo con un familiar, tuve la mala fortuna de encontrarme en una curva con un Mochuelo, no hubo manera de esquivarlo y paso a engrosar el número de víctimas por atropello, que por aquel entonces eran muchas; aquel familiar me pidió que parase para recoger el cadáver del pequeño búho, no entendí para que lo quería, pero así lo hicimos. Al día siguiente cuando nos volvimos a reunir, me explico que el Mochuelo había servido para darle gusto a un cocido que sirvió para tratar de resolver los problemas de inapetencia de su hijo pequeño, pues según los paisanos de aquella época la carne de esta pequeña rapaz nocturna era un revulsivo contra la inapetencia.
  Habitante de pedreras, huecos en viejas encinas o casas de campo principalmente en estado ruinoso, el pequeño Mochuelo también merece su hueco en este humilde Blog, y sobre todo merecería una mayor atención por parte de las administraciones encargadas de la conservación de la naturaleza, pues como antes mencionaba, sin duda tiene los días contados.  

Pareja de Mochuelos en pedrera de nidificación.


miércoles, 12 de febrero de 2020

II Jornadas nacionales sobre Grullas



  El pasado fin de semana se desarrollaron en la localidad cordobesa de Añora las segundas Jornadas nacionales sobre grulla común en España, tras las celebradas hace dos años en Moheda Alta,  y que reunieron alrededor de un centenar de especialistas, aficionados y personas interesadas en la especie.
  Esta reuniones periódicas sirven para poner en común diferentes aspectos sobre la especie en las diversas regiones de nuestro país: ecología, migración, seguimiento de anillas, problemática…

Programa de las Jornadas.


  Se constata un alto nivel en todas las ponencias y presentaciones que se realizan allí, a título particular hubo dos que me llamaron especialmente la atención, y paradójicamente ninguna de ellas trataba sobre la especie en España:

-“Intensificación agrícola y efectos sobre las aves”, de Juan Traba. Realizando un análisis totalmente acertado sobre la situación de nuestras aves esteparias en relación con las políticas agrarias que se están llevando a cabo en todo el país, y que de seguir así, llevaran irreversiblemente a la extinción de especies tan emblemáticas como el Sisón y la Avutarda. Pero también dando soluciones para evitar estos resultados catastróficos, como lo es la estimulación de prácticas agrícolas ancestrales como el uso de barbechos tradicionales en nuestros campos (sin ararlos, sin eliminar su cubierta vegetal a través de químicos ni ganado; dejándolos en verdadero descanso). También hablo de las semillas blindadas que cada vez se utilizan más en nuestros campos, y que tan perniciosas son para las diferentes especies que puedan alimentarse de ellas.

Ponencia de Juan Traba.


-“Grullas en Suecia: ecología de la especie y anillamiento” de Sigvard Lundgren. Que nos realizo un análisis pormenorizado de la especie en su país, la influencia que está teniendo el cambio climático en las poblaciones de grulla, la afectación sobre su reproducción, y otros aspectos de su biología muy interesantes. Así como una cronología de la evolución en el anillamiento de la especie y su situación actual.

Ponencia de Sigvard Lundgren, acompañado de Pedro, como traductor.


  La comarca de los Pedroches, al noroeste de Córdoba, linda con la provincia de Badajoz, y tiene unas características paisajísticas y de aprovechamiento similares. Cuentan con importantes dehesas, y cobijan una población importante de grullas, pudimos visitar los alrededores del Embalse de la Colada, y disfrutar de sus esquivas damas grises, pudiendo leer varias anillas.

Dehesa en Los Pedroches



  La presencia de frecuentes grullas finlandesas, es una característica particularmente llamativa de este sector, es aquí donde desde hace varios inviernos llega “Josefina”, una grulla de aquel país que tiene ya 21 años, y que suele venir frecuentemente acompañada por su prole también anillada, de tal forma que por la zona se vienen observando diferentes descendientes de tan insigne grulla, como “Sara” que ya cuenta con 18 años, o “Añoro” que con 3 años pudimos ver en una dehesa cercana al Embalse de la Colada. Todo un reclamo para los observadores de anillas de la especie.

"Josefina", también estuvo en las Jornadas...

  Los alojamientos e instalaciones donde se han celebrado las Jornadas, situados en el Parque San Martín, gozaban de calidad excelente, y además situados en un entorno privilegiado, en mitad de la Dehesa. El Ayuntamiento de Añora, con su alcalde a la cabeza, totalmente implicado en que todo saliese a la perfección en la celebración de las Jornadas.
  El trabajo de los organizadores, con Juanma a la cabeza, espectacular. Un homenaje a todos ellos, por su magnífico desempeño, que nos permitieron a los participantes pasar unos días inolvidables.

La organización, con Juanma, y también el Alcalde de Añora.
 
 

domingo, 26 de enero de 2020

Vallados y grullas, lazo mortal

Grulla localizada por Francis.


 Hace pocos días una grulla quedo accidentada y atrapada entre los alambres de una valla ganadera en un área de invernada habitual  de La Siberia. Gracias a la colaboración del pastor y amigo Francis, que todos los días trabaja con sus ovejas por la zona, pudimos dar aviso al Centro de recuperación de AMUS, que acudió de inmediato a la zona para rescatar el ave.

Liberación de la grulla por AMUS.

  Las grullas son aves muy nerviosas, y cuando quedan atrapadas en esas circunstancias tan adversas se agitan para intentar zafarse de esa lazada accidental, produciéndose innumerables contracturas, erosiones, y en ocasiones sumado al estrés les lleva a la muerte.
  Sin el concurso de Francis y la sensibilización de los colectivos de personas que trabajan en el campo, este tipo de situaciones acaban con la muerte de las grullas, a veces en lenta agonía y otras a manos de diferentes predadores (perros, zorros…).

Grulla atrapada por la lazada y predada (posiblemente por un mastín).

  No es nueva esta situación, y para ello concurren varios factores de difícil solución. Extremadura es una región eminentemente ganadera y son muchos kilómetros de estos vallados los que surcan la región, coincidiendo a menudo con áreas de invernada de la especie. Suelen sufrir estos accidentes ejemplares jóvenes, en sus primeros años de vida, aunque obviamente cualquier individuo puede acabar en estas circunstancias ante una espantada inesperada o situaciones de mala visibilidad, que son habituales en invierno con las frecuentes nieblas.
Joven grulla accidentada en día de niebla.




Llegamos tarde...

  La lazada reflejada en las fotos y dibujos, la he observado en varios casos con grullas, aunque no es la única forma en la que se puede accidentar la especie con alambradas, pues también en alguna ocasión he visto como quedan prendidas de los espinos que surcan sobre todo los alambres altos del vallado.
  Cuando las grullas levantan el vuelo, y tienen la mala suerte de introducir una pata entre los dos alambres finales, con el mismo impulso de vuelo cierran la lazada, quedando atrapadas y presionadas por el lazo, mientras más se agitan y fuerzan por salir del atolladero, más se cierra la lazada, el final es el ya descrito.

Croquis de los alambres donde se accidentaron las grullas.
Croquis de la forma en que introducen la pata, girando los alambres y quedan atrapadas.
Resultado del accidente.

  La solución sería sencilla, si no quedase ningún alambre suelto arriba y si se evitasen los espinos, lo cual evitaría tanto la lazada como los prendimientos, pero supongo que este tipo de consideraciones no se tienen muy en cuenta cuando se resiente la economía, como siempre pierde la naturaleza.