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jueves, 5 de octubre de 2017

Malos tiempos para las grullas en la Zona Centro


Miles de olivos ocupando territorio grullero en la vera de Gorbea
  En próximos días comenzaran a llegar las grullas a pasar una nueva invernada en tierras de la Zona Centro de Extremadura, estos últimos años, cada otoño que llegan encuentran su territorio de campeo cada vez más cercenado y reducido, todo ello no parece tener fin, el monocultivo de olivo se impone  cada año con mayor fuerza, y la administración se ve incapaz de gestionar un espacio natural sistemáticamente dejado de la mano de los intereses de unos pocos grandes propietarios, que hacen y deshacen a su antojo y provecho.
  En esta ocasión cuando las grullas pisen este área se darán cuenta de la desaparición de dos lugares emblemáticos para su desarrollo y supervivencia en la zona, nuevamente y como en anteriores ocasiones la causa es la implantación de olivar intensivo en sus comederos: “la Vera de Gorbea” y “Moheda Alta”, ambas en el término municipal de Navalvillar de Pela, y en ambos casos con cambios de cultivo en más de 120 hectáreas cada una.
  Ambas se sitúan en la Zona ZEPA-ZEC “Vegas y dehesas del Ruecas, Cubilar y Moheda Alta”, en ambos casos se trataba de terrenos previamente utilizados como regadío, pero que ocupados básicamente por cultivos de arroz y maíz, se convertían en comederos inmejorables para grullas, gansos, aves acuáticas y limícolas, y una buena representación de aves rapaces, todo ello no ha servido de nada a la hora de permitir estos cambios.
  La “Vera de Gorbea” forma parte de la finca Gorbea, y en anteriores años incluida en la Reserva biológica de Adenex denominada “El convenio”, tal era su importancia que se estableció un refugio de caza, donde las grullas y otras especies tenían tranquilidad y comida los días de caza, presentaba concentraciones de miles de grullas, pero tampoco era raro ver Elanios azules, Cigüeñas negras o grupos invernantes de Sisón, en sus pastizales y siembras de cereal. Posteriormente fueron transformadas en cultivos de maíz, igualmente aprovechados por miles de grullas y ánsares comunes, para finalmente este año cultivarlas masivamente de olivar intensivo.
  En “Moheda Alta” se estableció los años anteriores un proyecto de alimentación suplementaria de grullas y otras aves invernantes, en una zona de arrozales, donde tradicionalmente pasaban el invierno miles de ánsares comunes y grullas, así mismo, estas establecían cada año uno de los dormideros más importantes de toda la Zona Centro, como botón de muestra algunas fotos de aquel entonces. También este año han sido definitivamente transformadas en olivar intensivo; precisamente en el borrador del plan de gestión de la ZEPA, las zonas húmedas del entorno de Moheda Alta estaban catalogadas como de Alto interés ….papel mojado. Las instalaciones y torretas de observación del Parque periurbano de Moheda Alta, que tanto dinero han costado, ahora cuentan con un magnífico mirador de olivares intensivos.

Cigüeña negra en los arrozales de Moheda Alta


Arrozales de Moheda Alta, con notable presencia de grullas y ánades rabudos

  Aunque estas dos zonas son las más representativas de las alteradas este ultimo año, no son las únicas, muchos de los arrozales y maizales que forman la base principal de la alimentación de las grullas están siendo transformados en olivares, frutales o almendros intensivos, y las expectativas para los próximos años van todas en esa línea, arrozales en “El Bodonal” y “El Chaparral” de Acedera, en “los Cerralbos”  de Logrosán, y un largo etcétera.  Las dehesas tampoco se salvan de la fiebre, y lugares antaño con gran riqueza ornitológica como “la Dehesa de Zarzalejo” cayeron en el olvido y en ellos ya crece un exuberante olivar-almendral.
  Me asaltan algunas dudas referente a esta proliferación de cultivos arbolados, en la línea que viene marcando el cambio climático con años cada vez menos lluviosos, ¿es asequible tener cultivos que es necesario regar todo el año ante la falta de lluvias, para mantenerlos productivos?, ¿tal cantidad de arboles, con millones plantados estos últimos años, cuando empiecen a producir, no hundirán los precios?


  Malas perspectivas para la próxima e inmediata invernada de las grullas, a los mencionados cambios de cultivo que se aluden, habría que añadir el año extremadamente seco que vivimos, las siembras de arroz y maíz se han apurado al extremo, y en el caso de maíz están siendo pastoreadas masivamente por falta de otros pastos para el ganado, otro tanto ocurrirá con la montanera, y las siembras de cereal de momento y sin agua aún ni atisbo.


martes, 22 de agosto de 2017

CENIZOS Y LAGUNEROS: HISTORIAS OPUESTAS

  Corría el año 1993, cuando aquel grupo de ornitólogos pertenecientes a la sección de zoología de Adenex, realizamos el primer censo regional de Aguiluchos en Extremadura, cuyos datos vieron la luz en el Congreso de Aguiluchos celebrado en Orellana la Vieja en 1995.
  Los datos correspondientes a las dos especies de aguiluchos  en la región, hablaban muy claramente de dos situaciones opuestas, los cenizos campaban por buena parte de nuestro territorio, el censo que abarcaba algo menos del 50% de las áreas adecuadas aglutinaba cerca de 600 parejas, estimándose el número real en una cantidad superior a las 1000 parejas.


  El Lagunero apenas empezaba a verse por la región fuera de época invernal, comenzaba una nueva andadura reproductora en Extremadura, y precisamente en el entorno de Orellana se localizaban las primeras 5 parejas reproductoras en los años 1993 y 1994.
  Un cuarto de siglo atrás, esta era la situación, aunque en el cenizo ya se observaba una importante problemática derivada de la siega mecanizada, pero aún no eran pocos los años de primaveras lluviosas que permitían buenos datos de reproducción, eso sí, ya irreversiblemente ligados a campañas de salvamento de nidos y pollos. Los laguneros eran testimoniales, los cultivos de regadío aún no habían aumentado en una forma exagerada, y la especie campaba mucho más en época invernal.


  2006 es la fecha del censo nacional de Aguilucho cenizo, realizado en la comunidad de Extremadura por el Grupo Extremeño de Aguiluchos, en esta ocasión el censo es realizado nuevamente en el 50% de la región, precisamente donde se hacen campañas de conservación por parte de dicho grupo, y el resultado final próximo a las 800 parejas, estimándose nuevamente en más de 1000 parejas el censo real, nos indica una gran estabilidad de la especie, fruto de las intensas campañas de manejo realizadas por el GEA y financiadas por la Junta de Extremadura, con un voluntariado fuerte y muy implicado, si bien las mil parejas que se estimaron parecían excesivas en tanto en cuanto es una especie que en las zonas donde no se realizan campañas de manejo y salvamento, no prospera.  El Aguilucho lagunero por esas fechas, continúa una línea ascendente ya imparable, su distribución es como una mancha de aceite que se va repartiendo por muchos puntos de la región, rondando el centenar de parejas.
  La última década fue demoledora para los cenizos, igual que otras especies ligadas a los medios esteparios su derrumbe fue manifiesto, las poblaciones se atomizaron en los últimos reductos donde coincidían medios esteparios aún bien conservados junto con intensas campañas de conservación; desapareciendo en aquellos lugares donde no se conjugaron ambos aspectos, unas veces derivado de los cambios del secano a regadío, o incluso su transformación en enormes centrales termosolares o fotovoltaicas; buena parte de la provincia de Cáceres quedo al margen del voluntariado para los manejos de la especie, con la consiguiente rarefacción y casi extinción de los cenizos. También asistimos a los coletazos del cambio climático, con cada vez más frecuentes primaveras secas, que conllevan muchos aspectos negativos para la especie: presión predadora, aumento del henificado y siegas tempranas, temperaturas elevadas con inusitadas mortandades de pollos en nidos, falta de recursos alimenticios, aprovechamiento intensivo de las rastrojeras…


   La política conservacionista de la Junta de Extremadura es totalmente inadecuada, dando bandazos e improvisando formulas poco atractivas para los agricultores/ganaderos , y poco beneficiosas para la especie, tal vez esperando que la especie se encuentre al borde de la extinción para actuar con sentido común (paradójicamente el menos común de los sentidos en los que gobiernan nuestro medio ambiente).
  El Aguilucho lagunero, al amparo de la imparable creación de nuevos regadíos, se expande notablemente, criando en charcas ganaderas y de riego, cunetas y charcones al borde de canales y acequias, riberas fluviales de ríos y arroyos, cultivos de cereal, franjas de vegetación palustre repartidas aquí y allá al amparo de las frecuentes perdidas de agua de riego…, muchos de ellos en aumento, y con perspectivas desmesuradas de crecimiento. La mayor frecuencia de primaveras secas incluso parece beneficiarlos al evitar fluctuaciones importantes en los niveles de agua. Sin duda se está convirtiendo en una de las rapaces más abundantes en buena parte de Extremadura donde campan los cultivos de regadío.



  2017 es el resultado final de toda la coctelera de circunstancias anteriormente descrita, un año de sensaciones amargas con los cenizos, con un mes de junio que quedara en el recuerdo por la impotencia que produce visitar los nidos manejados de la especie viendo muchos pollos y jóvenes muertos por la inusitada ola de calor, un desencanto por parte de los agricultores y propietarios por la falta de ayudas adecuadas para la conservación de aves esteparias; la sensación final de ver que se nos acaban las aves esteparias por causas evitables y por otras que de momento no tienen solución como es el cambio climático. Los laguneros tuvieron un buen año por aquí, de los mejores que conozco, los cenizos el peor; luego los censos seguirán hablando de cómo el lagunero doblo su número de parejas  y como el cenizo se redujo a la mitad, a fin de cuentas:  suma, resta  y sigue.


viernes, 21 de abril de 2017

EL ÚLTIMO SISÓN




 Casi 40 años atrás ya estaba en ruinas la vieja casilla del llano, donde por aquel tiempo me recreaba recogiendo egagrópilas de lechuza y mochuelo para ver su forma, composición y tamaño, y donde también me cobijaba los días fríos del invierno para ver el paso de grullas aquellos atardeceres en que tomaban dirección a los dormideros del embalse de Orellana. La casa estaba rodeada de un interminable campo de cultivos de cereal de secano y algunos pastizales, que permitían la supervivencia de numerosas especies de aves ligadas a estos medios, el mes de abril era una delicia ver el constante marcaje territorial de los machos de sisón y las paradas nupciales de los aguiluchos cenizos, los cernidos de gran número de primillas en busca de alimento y también se veían no pocas Canasteras y Carracas.
 Pero todo aquello fue cambiando, primero se ejecutaron canales de riego cuya tan esperada agua no beneficia a todos los habitantes del entorno, después comenzaron a crearse una maraña de tendidos eléctricos de dispar tamaño que convirtieron la zona en una trampa para las aves; no tardaron en instalarse granjas porcinas y avícolas por todo alrededor, y finalmente llego la plaga del olivar y los frutales intensivos.
 Apenas queda ya un trozo del terreno de lo que antaño era un paraíso para las aves esteparias, pero aún así, ese territorio recortado y fraccionado  aglutina lo poco que va quedando en la zona, y este mes de abril, tanto tiempo después, aún encontré un sisón macho marcando su territorio, con su reclamo fuerte, constante, altanero, encorbatado y luciendo sus mejores galas, intentando atraer alguna hembra cada vez más escasas,  no solo en esta zona sino en toda su área de distribución; de fondo alguna pareja de Aguiluchos cenizos en paradas nupciales, también acompañadas de un nuevo inquilino de la zona: el Aguilucho lagunero.

  


 Un par de jóvenes Elanios azules se ciernen incansables por los llanos, probablemente reemplazando a los otrora abundantes primillas, cerca, el agudo e insistente chirriar de los Trigueros indican que estamos en primavera, aunque el campo prematuramente agostado por la pertinaz sequia no parece querer darle la razón.
 El término municipal de Orellana la Vieja es uno de los más pequeños de la provincia de Badajoz, a pesar de ello en aquellos años tenía una buena representación de los diferentes ecosistemas del oeste español, con dehesas, sierra y zonas esteparias fruto del cultivo de secano sumado a algunos pastizales ganaderos.




 La última década fue demoledora para estos medios esteparios, en la mejor zona, donde se concentraban las colonias de Aguilucho cenizo y Canastera se instalo una enorme termosolar que borro para siempre más de 200 hectáreas de hábitat estepario. Apenas se dio tiempo a estas especies para adaptarse en lo que quedó,  pues a continuación, otras 200 hectáreas del inmediato entorno fueron transformadas en frutal y olivar intensivo. Paralelamente otras muchas obras e instalaciones fueron comiendo poco a poco el terreno; centros de residuos, campos de tiro y motocross…, y los proyectos continúan, imparables, como si nada de lo anterior, de lo que vivieron nuestros antepasados tuviera ya valor.
 Poco más habría que contar para intuir lo que paso con el Sisón y el resto de especies: se les dejo sin su casa, su territorio de siempre, todo ello en pocos años, y supongo que podríamos extrapolar lo ocurrido en este término municipal con lo que acaece en otros muchos de centro y el oeste español. 
 Estamos asistiendo en vivo y en directo al proceso de extinción de una especie, casi podemos sentir esa sensación que vivieron los antiguos tramperos de aquel otro oeste (el americano), cuando las multitudinarias poblaciones de Bisontes desaparecieron de las praderas con la irrupción del tren, en este caso fue un canal…pero con igual resultado. No hace mucho venían amigos de Centroeuropa y se asombraban con la cantidad de sisones que podían ver a muy poca distancia del pueblo. ¡¡Como a cambiado todo esto!!.
 Reclama fuerte el macho de Sisón, incansable, en otras praderas, buscando un futuro imposible, otro macho con el que rivalizar, una hembra con la que perpetuar su especie, desde antes del amanecer hasta bien entrada la noche, descansando solamente las horas centrales del día, con mayor calor. Demasiado tarde, aquí no se escuchan las voces de los que no producen dinero, conservar por conservar ya no es de recibo, el único argumento que parece que escuchan es el tan manido de la atracción de turismo ornitológico, ya no vale ni se recuerda aquel discurso también de los indígenas de aquel otro oeste en el cual se pedía dejar a nuestros hijos la misma herencia que nos dejaron nuestros padres…


jueves, 9 de marzo de 2017

EN EL PAÍS DE LAS AVES



El titulo de la presente entrada hace alusión al país con mayor diversidad de aves de nuestro planeta, nada menos que 1.912 especies adornan los cielos, bosques, montañas, llanos, ríos, costas, ciudades, pueblos y selvas de Colombia, todo un festín para los aficionados a la ornitología.

Colombia desde el aire: montañas, bosques, verde y siempre nubes

  La pasada invernada de grullas, imitando su espíritu migratorio, volé hacia tierras cafeteras, donde pude visitar los Departamentos centro-occidentales de Quindío, Valle del Cauca y Antioquia, todo ello y a pesar de las dificultades para transitar por aquellos campos, principalmente por la falta de vías de acceso a las zonas naturales, más acentuada aún en mi caso particular; allí pude hacerme una idea de la  impresionante riqueza natural que atesora el segundo país con mayor biodiversidad de la tierra.
  La primera y más larga de mis estancias tuvo como escenario el pequeño Departamento del Quindío, zona que ya conocía previamente de anteriores viajes, y de la que ya realice una entrada en Grullas veo a finales de 2013. Este Departamento es uno de los más seguros de Colombia, y se sitúa en el eje cafetero que conforma en unión de Risaralda, Tolima, Valle del Cauca y Caldas.
  El Quindío esta cruzado por la Cordillera Central de los Andes, coronada por el volcán del nevado de Santa Isabel, y cuenta con tan solo 12 municipios; aunque pude visitarlos todos, mis movimientos se centraron en la capital  Armenia, y los cercanas localidades de Circasia, Montenegro, La Tebaida y Calarca. En sus escasos 1.845 Kilómetros cuadrados, se desarrollan más de 3.000 especies de plantas, 600 de mariposas y más de 500 de aves, aglutinando con el resto de Departamentos del Eje cafetero nada menos que el 43% de  las 70 aves endémicas del país.

El Nevado de Santa Isabel conforma una bonita imagen los días despejados.

  La finca donde estuve alojado, situada a tres kilómetros de la localidad de Montenegro, fue extremadamente lluviosa durante los meses que permanecí, todo ello dentro del característico clima tropical de la zona, con lluvias fuertes al menos el 80% de los días entre noviembre y febrero, motivo que me hizo comprender el sobrenombre de la zona: “Cielo roto”. Las condiciones de humedad y la gran cobertura vegetal sustentan igualmente una gran riqueza de mosquitos, denominados por los lugareños “zancudos”, por ello tuvimos que hacernos con una buena provisión de repelentes si queríamos permanecer largos periodos en contacto con la naturaleza, aunque finalmente y pese a ello, cada una de las nuevas aves catalogadas me costo del orden de una docena de picaduras de tan impertinentes animalitos.
  El Mariposario o Jardín Botánico del Quindío, se sitúa junto a la localidad de Calarca, y es uno de los lugares emblemáticos para observar aves en este Departamento, se trata de una reserva privada con 15 hectáreas del primitivo bosque autóctono, cuyo coste se financia con el pago de una entrada que permite recorrerla a través de senderos y miradores; decenas de colibríes revuelan los comederos estratégicamente colocados, donde es un verdadero deleite  ver sus característicos vuelos a menos de un metro de nuestros ojos, especialmente abundantes son el Colibrí de corbata (Anthracothorax  nigricollis), Ermitaño verde (Phaethornis guy), Colibrí collarejo o nuquiblanco (Florisuga mellivora) y el Amazilia coliazul (Amazilia saucerrottei), entre otros.

Cartel de bienvenida a los miradores de aves del Jardín Botánico.


Grupo de Colibríes nuquiblancos acompañados por un Mielero común

  
Hembra de Colibrí de corbata o Mango pechinegro.

  La reserva cuenta con la mayor colección de palmas vivas del país, contando entre otras con algún ejemplar de Palmera caminadora (Socratea exorrhiza), con extrañas raíces aéreas o de Palma de cera del Quindío (Ceroxylon quindiuense) cuyo principal exponente se encuentra en el cercano Valle de Cócora, con ejemplares de más de 60 metros y que está en grave peligro de extinción, precisamente esta palmera es reconocida como el árbol nacional del país.

Las raíces de la Palmera caminante van moviendo lentamente la palmera en busca de mejores condiciones nutritivas y de ubicación.

  Otra de las opciones interesantes para ver y fotografiar aves en entornos rurales o urbanos es la instalación de comederos con plátano maduro, que atraen numerosas especies con sorprendentes combinaciones de colores, y además poco esquivas, entre otras cosas por la ausencia del deporte de la caza. Las tangaras, es una familia de aves con colores muy vivos habituales visitantes de los comederos, entre otras,  la Tangara cabecirufa (Tangara gyrola) o la Tangara rastrojera (Tangara vitriolina), siempre deseosas de meter el pico en los nutritivos plátanos.

La Tangara cabecirrufa es una especie habitual en el Quindío

  Asomas candelas (Ramphocelus flammigerus) , Turpiales amarillos (Icterus nigrogularis), Azulejos comunes (Thraupis episcopus) o Azulejos palmeros (Thraupis palmarum), incluso no fue extraño ver en estos comederos, por estas fechas invernales en latitudes norteñas, algún ave migratoria procedente de Norteamérica, como la Piranga abejera (Piranga rubra), que presenta un notable dimorfismo sexual con machos de tonalidad roja, y las amarillentas hembras.

Asoma candela, su nombre habla por sí mismo.


La Piranga abejera, suele visitar la zona entre agosto y abril

  Otra interesante opción para ver aves, en este caso ligadas a cursos de agua, es realizar un recorrido en balsa por alguno de los ríos que atraviesan la región, y que permiten este tipo de actividad como el río La Vieja, próximo a la localidad de Quimbaya; allí podemos ver a la omnipresente Garcita bueyera (Bubulcus ibis) que al igual que en España, fue colonizadora desde África a principios del siglo XX, ofreciéndonos estampas familiares entre el ganado; también son muy frecuentes los Coquitos (Phimosus infuscatus), especie de Ibis que ocupa casi todas las zonas húmedas visitadas. El Cormorán neotropical (Phalacrocorax brasilianus), la Chilacoa culinegra (Aramides cajanea) o el Martín pescador grande (Megaceryle torquata), son otras de las especies habituales y fáciles de ver en este tipo de hábitats.

El recorrido por el río es realizado sobre una balsa rudimentaria




Nuestra popular Garcilla bueyera que allí denominan Garcita Bueyera

La Chilacoa colinegra suele observarse en las inmediaciones de zonas húmedas.

   La gastronomía de la zona es bastante variada, con una notable diversidad de frutas, que además son de notable calidad, una de las más suculentas con probadas facultades anti cancerígenas es la guanábana, similar en color y sabor a las chirimoyas, pero de un tamaño comparativamente enorme. En cuanto a los platos típicos de la zona, y de toda Colombia, uno de los más reconocidos es el sancocho, guiso que se realiza a partir de yuca, patata, maíz, carne de res, plátano maduro y condimentos, especialmente nutritivo y de agradable sabor.

Guanabana

El Sancocho es un plato típico colombiano.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Atentado medioambiental en la Dehesa de Zarzalejo



Desde Grus-Extremadura nos hacemos eco de un verdadero atentado contra las dehesas de la Zona Centro de Extremadura, como se puede calificar la transformación de alrededor de 500 hectáreas de un encinar bien conservado hasta hace poco tiempo, situado en el Término Municipal de Logrosán (Cáceres), y recientemente transformado en un cultivo intensivo de olivos y almendros.
  El enclave,  situado en la finca “Zarzalejo” presentaba unos valores ecológicos de suficiente entidad, para derivar que Adenex en los años 90 lo declarase Reserva Biológica en unión de otras fincas bien conservadas de la zona, y que conformaban la “Estación Biológica de las Dehesas”.
  Fueron muchos los visitantes provenientes del centro y norte de Europa que quedaron admirados con la riqueza en aves del lugar, destacando la presencia de miles de Grullas a lo largo del invierno, pero también usada como zona de alimentación, invernada  y reproducción de especies tan emblemáticas como la Cigüeña negra, Elanio azul, Águila real, Águila perdicera, Alimoche y Buitre negro.


  La Junta de Extremadura conocedora de todos estos valores, y sobre todo del buen estado de conservación de estas dehesas declaro sobre el papel su conservación bajo las figuras de Zona de Especial Conservación para las Aves “Vegas del Ruecas, Cubilar y Moheda Alta” y también Zona de Especial Conservación “Dehesas del Ruecas y Cubilar”. Figuras de protección que de nada han servido para proteger tan singular dehesa, y que nos hacen ser pesimistas respecto de la conservación del resto de estos espacios.
  Tampoco se comprende la autorización que Confederación Hidrográfica del Guadiana ha emitido para la puesta en riego de un sector que se encontraba exento de los mismos según los planes de la Zona Centro. En todo caso no se trata de un caso aislado, aunque si de una envergadura inusitada,  y estos últimos años se vienen observando destrucciones indiscriminadas de áreas con notables valores ambientales, sobre todo en los términos municipales de Navalvillar de Pela y Logrosán, pero también en otros como Acedera, Madrigalejo y D. Benito. Estas transformaciones empiezan a pasar factura en muchas especies protegidas que sobrevivían en la Zona Centro, y que están avanzando progresivamente hacia su extinción como es el caso del Aguilucho cenizo, el Sisón, el Cernícalo primilla, así como la rarefacción de las mencionadas anteriormente.


viernes, 22 de julio de 2016

LOS RENACIDOS




 Las 17h del día 20 de julio, más de 50º al sol en plena Serena, no se oyen cantar ni las chicharras, la ola de calor sahariana a transformado estos secarrales precisamente en eso…prácticamente un desierto inhabitable. En ese preciso momento surgen del montón de paja al que habíamos trasladado aquellos pollos poco menos que sentenciados a morir, como tres aves fénix, los tres magníficos jóvenes cenizos, renacidos una y mil veces en las pocas semanas de vida que aún les asisten, en un argumento igual o más dramático que el representado en la película del mismo nombre y protagonizada por Leonardo DiCaprio.
  La historia comienza en un trigal de poco más de una hectárea, ubicado al sur del Embalse de Orellana, allí pone sus cuatro huevos la aguilucha, apenas en un pateadero, porque ya sabéis lo poco complicada que es esta especie a la hora de hacer nido, otra cosa son las necesidades que seguramente requiere la especie, en lo cual como es natural son verdaderos expertos: buenos posaderos para vigilar el nido, pastizales cercanos para buscar alimento, tranquilidad…, la elección de la fecha por esta pareja, seguramente por alguna incidencia sobrevenida, sin duda la más letal para la reproducción de los cenizos, el 6 de junio se encuentra en fase de huevos cuando comienzan a volar muchos de sus congéneres en otros nidos, todo un hándicap para que lleguen a buen puerto los proyectos de perpetuación de esta pareja, se cruzara por medio lo más crudo del verano y sobre todo el campo quedara agostado y sin recursos en la fecha tan tardía en que se prevé el vuelo de los jóvenes.


  Cuando se produce la siega el 28 de junio, los pollitos apenas cuentan alrededor de 10 días de edad, a esas edades permanecen relativamente quietos en el nido, al paso de la cosechadora, nos encontramos vigilantes, pero podéis imaginaros el terror al paso de semejante mastodonte que rompe la tranquilidad en la que vivían desde sus pocos días, y sobre todo el desamparo en el que ha quedado su “vivienda” tras la brutal siega, rodeados por unos metros de espigas y unas tiras de paja, lo que antes era para ellos un pastizal enorme y seguro.


  La hembra siempre solicita aporta pequeñas raciones de alimento que consigue en el entorno del nido, y que sirven para ir parcheando el hambre en tanto llega el macho con presas más contundentes. En ocasiones cuando llegan los papas con la comida, aparece el “pirata” del Milano negro, que tras persecución insistente de los progenitores consigue que estos suelten la presa, parasitando su trabajo para sacar adelante a nuestros protagonistas.
  A los pocos días, llega otro de esos momentos críticos para los pequeñuelos…la empacadora; igual de letal que la cosechadora, si los jóvenes aguiluchos han decidido salir del nido y esconderse bajo las hileras de paja, inmisericordemente serán atrapados y formaran bolas de plumas incrustadas en las alpacas. Este es el caso, tenemos que retirar los pollos a su paso, están en esa edad peligrosa en la que su inquietud les juega esas malas pasadas. A continuación quedan si cabe más indefensos, ya solo les queda el manchón de espigas alrededor del viejo nido, y aún les faltan algo menos de dos semanas para iniciar sus vuelos.
  El 12 de julio, recibimos otra mala noticia, en breve tienen que meter el ganado en la hoja del rodal (las fechas obligan a meter las ovejas en los rastrojos, o comprar piensos, todo se empieza a secar irreversiblemente…); tras estudiar las inmediaciones comprobamos que existe una parcela a escasos 20 metros cuya paja no fue recogida porque se encuentra mojada por debajo, debido al fuerte granizo que cayó en la tormenta de primeros de julio, ¡¡¡pobres aguiluchos, hay que imaginarlos no solo superando las dos olas de calor que llevamos en julio, sino también las fuertes tormentas de granizo que cayeron en la zona, todo un reto a su supervivencia!!!.


  Trasladamos los pollos, a 8-10 días de volar, a un nido artificial conformado por una montaña de paja, con una abertura en lo alto para que pueda acceder la madre con las cebas; el sitio parece ideal, hay una linde con pasto que les servirá para completar su desarrollo e iniciar los vuelos, si lo permiten zorros, perros, meloncillos, milanos negros, jabalíes, águilas calzadas, búhos reales…, y un largo etcétera de posibles predadores que por esas fechas ya encuentran escasez de alimento en el campo.


  Por fin, el 20 de julio y tras muchas peripecias nuestros amiguitos ya vuelan, unos mejor y otro peor, aún permanecerán en el entorno de su área de cría otras 2-3 semanas perfeccionando su vuelo y aprendiendo a cazar. Desgraciadamente aquí no acaban sus problemas, ahora es el momento de los accidentes, no pocos jóvenes se estampan contra los vallados ganaderos, contra tendidos eléctricos e incluso contra vehículos; se pueden ahogar en charcas, y además su vuelo torpe invita a muchos predadores a capturar una presa fácil.


  El Aguilucho cenizo necesita una productividad alta para reponer las muchas bajas que sufre a lo largo de su periplo vital, también la migración transahariana presupone un importante sumidero de jóvenes; esta productividad no se produce todos los años, desgraciadamente cada vez son menos, las primaveras secas, los ciclos de siega en cereales cada vez más cortos (lejos quedan los tiempos en que muchos pueblos celebraban en las fiestas de agosto el final de la siega), la falta de alimento, y sobre todos ellos la pérdida de su hábitat conforman un panorama desalentador. Estos hábitats ligados a la agricultura en secano son cada vez menos valorados por los agricultores, su baja productividad les hace ser poco menos que estorbos en su bolsa económica, y por desgracia tampoco medioambientalmente se valoran debidamente, así nos encontramos con especies ligadas a estos medios que en poco tiempo han pasado a situarse al borde de la extinción, como el caso de los cenizos, y por ejemplo el Sisón, especie que no hace mucho era significativamente numerosa.


  2016 ha sido un buen año para los aguiluchos cenizos en esta zona, con una productividad próxima a 1’8, muy por encima del 1’3-1’4 que necesitan para reponer sus poblaciones, todo ello gracias a un voluntariado muy sacrificado, una aportación parca por parte de la Administración, y por suerte una sensibilización cada vez más asentada en los colectivos de agricultores; aún estamos lejos de su salvación, pero al menos este año si podemos hablar de “los renacidos”.


 


miércoles, 9 de marzo de 2016

ULTIMAS NOTICIAS DE LA FAMILIA ALEMANA




  Desde mediados de noviembre han permanecido entre nosotros, ligadas a una parcela muy concreta de la Zona Centro, donde se combinan rastrojos de arroz y maíz con un viejo olivar,  y algunas siembras de cereal en secano.
  El pasado 9 de febrero las vi por última vez en aquella zona, me sorprendió porque los adultos parecía que iban por su lado, y el joven, aunque relativamente cerca de los padres aparentaba una cierta independencia en comparación con el fuerte apego que había manifestado hasta pocos días antes, me paso por la cabeza que quizás era el momento en que los adultos se marcharían dejando al mozo con una vida aparte.
  Los tres componentes de la familia nacieron en la zona de Brandenburg, en el este de Alemania, ya cerca de la frontera polaca; no muy lejos de Berlín, y dentro de la reserva de Schorfheide Chorin (de grato recuerdo por la visita que efectúe para recorrer los territorios de cría de la especie en junio de 2006).
  Entre ambos puntos distan 2.200 kilómetros de distancia, recorrido de vuelta que han realizado en 15 días, las tres juntas, pues el 26 de febrero las controlaron unidas, a un solo kilómetro del lugar donde nació el joven en 2015.

  En marzo aún permanece la familia unida, en las tierras que las vieron nacer, desde luego no va a ser por falta de experiencia, teniendo en cuenta que cada componente de esta pareja ronda los 22 años, y que desde hace varios años llegan a Extremadura acompañadas de su pollo en años alternos…quizás por eso no tienen prisa en separar sus vidas, permitiendo que el jovencito disfrute de su compañía y protección más tiempo.