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lunes, 15 de febrero de 2016

Vuelta a las raíces

  



 A punto de finalizar la invernada, parece que todo el mundo plantea lo atípico del comportamiento de las grullas en la Zona Centro, con una notable disminución de efectivos en la segunda mitad del periodo, que en algunas zonas a llegado a ser muy acentuado, de momento el paso migratorio no ha permitido recuperar estas poblaciones, lo que indica que no quedan muchos recursos para ello.
  La llegada masiva de aves desde primeros de octubre, trajo consigo un aprovechamiento elevado de siembras de cereal,  rastrojeras de arroz y maíz, desde un momento excesivamente temprano. No quedan lejos aquellos años en que las grullas arribaban masivamente a partir de los Santos (primeros  de noviembre), fechas que tenían muy presentes los agricultores  y además estaban marcadas en el saber popular. Hoy en día, disponen de rastrojeras de arroz y maíz desde finales de septiembre, y este factor seguro que influye en tales circunstancias.
  El buen tiempo otoñal ha permitido los trabajos agrícolas sin contratiempos, con fangeados en todas las parcelas adecuadas, arado de rastrojeras de maíz, gente en el campo constantemente y cazadores a sus anchas en cualquier rincón. Las grullas estuvieron más nerviosas de lo habitual desde el principio, y al final, la trashumancia invernal de aves que pasan de los regadíos a los encinares fue mucho más intensa que en las anteriores temporadas.
  Van quedando cada vez menos encinares en el entorno inmediato del regadío, devorados por el arado, magnificas manchas en Las Rañas de Pela, la cola del embalse de Cubilar o en la Vega de Zarzalejo han pasado a ser historia en los últimos tiempos; y no solo eso, por todas partes se observa un cambio de cultivos poco beneficioso para la especie, aquí y allá nuevos olivares y frutales. Finalmente se van cumpliendo las previsiones que hace 20 años nos hacíamos dentro del colectivo naturalista: “el aprovechamiento de los regadíos por parte de las grullas, es pan para hoy y hambre para mañana, pues estos cultivos están supeditados a los vaivenes del mercado, y en el futuro  los encinares estarán hipotecados por la vorágine agrícola”. Una  espiral sin solución, a mayor cantidad de regadíos, menores precios, y más cambios en los mismos…ni las grullas ni ninguna otra especie se puede adaptar en tan corto espacio de tiempo a semejantes alteraciones en su hábitat.


  Algunas de las grullas anilladas observadas en aquella primera fase de la invernada, han vuelto a reubicarse en encinares más o menos lejos de la Zona Centro, en la Siberia, la Serena, Campo Arañuelo, y seguramente por el sur de la provincia. Nuevamente y como ya se dejaba entrever en aquel primer proyecto Grus realizado por la SEO hace casi 40 años, sobre la utilización de la Zona Centro como colector de las aves que entran en la región: volvemos a las raíces grulleras, pero ahora con menos margen de beneficio para ellas.
  Lo que no cambia son los frecuentes accidentes que sufren las aves en el entramado de tendidos eléctricos y vallados de fincas, que todos los inviernos se cobran su tributo, en el caso de la imagen un joven atrapado y muerto en los alambres de una valla ganadera coincidiendo con un periodo de densas nieblas.





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